En Borja, departamento de Guairá, la producción de caña de azúcar orgánica se consolida como una alternativa de desarrollo para pequeños productores que encontraron en la organización cooperativa una vía para mejorar ingresos, acceder a asistencia técnica y sostener una actividad con creciente demanda internacional.
La Cooperativa Cañaveral de Valle Pe produce actualmente alrededor de 25.000 toneladas de caña de azúcar orgánica por año, volumen que puede variar según el comportamiento climático de cada campaña. En años favorables, la producción puede alcanzar unas 27.000 toneladas, mientras que en períodos afectados por sequías, heladas o exceso de lluvias puede bajar a cerca de 22.000 toneladas.
El dato adquiere mayor relevancia porque se trata de una organización integrada por pequeños productores, que en conjunto reúnen más de 500 hectáreas cultivadas. Su apuesta está enfocada exclusivamente en la caña orgánica, un rubro que requiere manejo diferenciado, trazabilidad y cumplimiento de estándares cada vez más exigentes para sostener su presencia en la cadena exportadora.
Ramona Vargas de Rodríguez, gerente general de la Cooperativa Cañaveral, explicó que el crecimiento de la organización fue resultado de un proceso gradual, apoyado en el esfuerzo asociativo y en la incorporación de nuevas herramientas de trabajo. Recordó que, en sus inicios, los socios tenían necesidades básicas de mecanización, pero no contaban con recursos suficientes para adquirir maquinarias.
“Nosotros somos una pequeña cooperativa que había empezado no hace mucho, y me decían mis socios: ‘Nosotros queremos tractor’. Les decía yo: ‘Nosotros no tenemos para comprar tractor’”, relató Vargas. Ese escenario comenzó a cambiar con el acompañamiento del Proyecto PIMA, impulsado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería con respaldo del Banco Mundial.
Según la representante de la cooperativa, el apoyo recibido permitió avanzar en infraestructura productiva y mejorar la capacidad operativa de los socios. “Ahora tenemos muchas maquinarias y con el Proyecto PIMA estamos dando un salto gigante”, afirmó. La mecanización, además de reducir dificultades en el trabajo diario, ayuda a elevar el rendimiento por hectárea y a fortalecer la sustentabilidad económica del rubro.
Uno de los principales diferenciales de Cañaveral es su certificación orgánica. La cooperativa trabaja bajo estándares vinculados a la Unión Europea y desde 2025 cuenta con certificación propia, un requisito clave para mantener la comercialización en mercados internacionales. Hasta hace poco, este proceso estaba asociado principalmente a la industria azucarera con la cual operaban, pero ahora cada organización debe contar con su propia validación.
El procedimiento demandó preparación documental, acompañamiento técnico y auditorías externas. “Tenemos un ingeniero con quien trabajamos meses y meses para juntar todas las documentaciones, y después viene una auditoría internacional a revisar la finca y todos los papeles”, detalló Vargas. Este control permite verificar que la producción cumpla con las exigencias de manejo orgánico y trazabilidad.
La producción de la Cooperativa Cañaveral se comercializa con la Azucarera Paraguaya, ubicada en Tebicuary, industria que exporta azúcar orgánica a mercados del exterior. Además, la organización trabaja con el sistema CLAT, mediante el cual recibe un apoyo adicional por la cantidad de azúcar orgánica vendida, lo que se convierte en un incentivo para sostener la calidad.
No obstante, el negocio también enfrenta costos importantes. La producción de caña requiere inversión en flete, corte manual, carga de camiones, limpieza de parcelas y mantenimiento de los cultivos. A esto se suma la necesidad de reinvertir parte de los ingresos para asegurar la siguiente zafra.
Pese a estos desafíos, los productores de Borja ven en la caña orgánica certificada una oportunidad para fortalecer la economía local y demostrar que la agricultura familiar organizada puede competir con estándares internacionales. “Con las nuevas maquinarias estamos produciendo más cantidad de caña por hectárea y eso también aumenta nuestros ingresos”, sostuvo Vargas.
PUNTOS CLAVE:
1 - El modelo cooperativo como motor de desarrollo: La asociación de pequeños productores en la Cooperativa Cañaveral transformó la agricultura familiar en un negocio rentable, permitiéndole competir a nivel internacional mediante la producción de caña de azúcar orgánica.
2 - Mecanización para impulsar el rendimiento: El acceso a maquinarias, logrado gracias al apoyo de proyectos institucionales (como el Proyecto PIMA), fue fundamental para reducir las dificultades del trabajo diario, aumentar la producción por hectárea y mejorar los ingresos de los socios.
3 - Certificación y trazabilidad internacional: La obtención de una certificación orgánica propia bajo los estrictos estándares de la Unión Europea es el diferenciador clave que les permite mantener sus ventas a la industria exportadora, superando los altos costos de producción.


