La ganadería en Paraguay adopta el modelo silvopastoril, integrando árboles, pasturas y ganado para optimizar la tierra, mejorar el bienestar animal y diversificar ingresos. Un claro referente es la Cooperativa Volendam en San Pedro, que impulsa esta práctica desde fines del 2009.
Norbert Weichselberger, coordinador de la entidad, explica que comenzaron plantando eucaliptos con alta densidad, pero actualmente recomiendan entre 300 y 400 árboles por hectárea. Esta adaptación permite la entrada de luz necesaria para la pastura y crea un entorno equilibrado. El beneficio principal radica en el confort animal: gracias al microclima arbolado, el ganado cebuino (nelore y brahman) logra pastar más tiempo sin sufrir el agobiante calor del verano. El sistema actúa como un eficaz amortiguador térmico, disminuyendo la temperatura hasta tres grados en época estival y resguardando los pastos de las severas heladas.
Implementar este esquema exige un manejo ganadero muy riguroso. Para evitar que los animales dañen la corteza de los árboles al disminuir el pasto, es indispensable realizar una excelente rotación de potreros, usar un buen alambrado eléctrico y darles agua y suplementos.
Económicamente, se comprobó que este valioso modelo mixto genera más ingresos que la ganadería o la forestación por separado. Permite flujo de caja por la cría mientras la madera adquiere valor. Además, fomenta la biodiversidad atrayendo fauna y regenerando especies nativas. El reto es la venta final.


