El Banco Central del Paraguay (BCP), junto con el Instituto Nacional de Estadística (INE), emite mensualmente el Índice de Confianza al Consumidor (ICC). Este indicador evalúa la percepción presente y futura de la situación económica familiar, y registró un nivel sumamente bajo durante abril.
Según el economista Daniel Correa, en comunicación con el programa “Espresso informativo” de la Tribu 650 AM, este nivel de confianza resulta muy llamativo si se contrasta con el escenario de proyecciones macroeconómicas eminentemente positivas y de gran crecimiento que actualmente exhibe la nación.
Actualmente existe una enorme y evidente desconexión entre la macroeconomía y la economía real de la gente. Por un lado, se anuncian grandes inversiones en áreas tecnológicas, nuevas aperturas de mercados para la exportación y excelentes números globales. Por otro lado, los consumidores adoptaron una postura de extrema precaución, mencionó el especialista.
De la misma forma, Correa indicó que ante tanta incertidumbre, la primera reacción ciudadana es siempre retraerse, postergando cualquier compra de bienes durables para limitarse a gastos diarios.
Credibilidad general
Consultado sobre el fuerte cimbronazo en la credibilidad general, Correa dijo que radica en una compleja combinación de señales negativas y tensiones. Hubo semanas de altísima tensión financiera vinculadas a cambios rápidos en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), anuncios de guerra económica y graves retrasos en pagos estatales. A este escenario se le sumó el constante aumento en precios básicos, fluctuaciones del dólar y pésimas gestiones dentro del sistema de salud pública actual.
Correa señala una profunda paradoja, ya que la macroeconomía es la suma de las microeconomías, pero en ese cálculo global algunos pocos ganan mucho dinero mientras que gran parte de la población continúa perdiendo su poder de compra y enfrentando desempleos. Un claro ejemplo de esta distorsión es que, si bien la intención de adquirir vehículos cayó, la importación de estos subió casi cuarenta por ciento, demostrando así una innegable concentración del ingreso económico en ciertos estratos del país. Para revertir esta peligrosa tendencia y reactivar con fuerza el motor comercial, las simples promesas ya no resultan suficientes.
La confianza es un activo sumamente frágil que, una vez dañado severamente, tarda muchísimo tiempo en restaurarse. El mercado y las familias en general necesitan comprobar que los grandes anuncios gubernamentales se traducen de manera inmediata y efectiva en hechos tangibles, completamente reales y verificables por la ciudadanía. Si se promete mejorar la salud, los hospitales deben funcionar mejor; si se anuncian grandes inversiones, estas deben generar nuevos empleos. Solo con acciones firmes y coherentes se logrará que el ciudadano común vuelva a apostar plenamente por su ansiado futuro económico.
Para culminar, el economista indicó que es vital que el Estado demuestre una inmensa capacidad de respuesta para poder encauzar el rumbo perdido. La reactivación dependerá de señales muy claras, oportunas y de una gestión pública intachable.


