Economía

Dólar bajo golpea al productor y no abarata los precios del súper

El sostenido ingreso de moneda extranjera presiona a la baja la cotización cambiaria. Si bien la teoría indica que esto abarataría el costo de vida, las marcadas fricciones comerciales impiden que el consumidor final vea rebajas en las góndolas.

| Por La Tribuna
A nivel global, la divisa estadounidense experimenta una fuerte tendencia hacia la depreciación. Give a money United States dollar (USD)

La cotización del dólar en el mercado local sigue estancada bajo la franja de los G. 6.100. Esto desmiente la teoría que proyectaba una escalada hacia los G. 6.700 para estas alturas del año.

Según mencionó el economista y especialista Daniel Correa, la presión cambiaria apunta netamente a la baja impulsada por los diversos factores estructurales. A nivel global, la divisa estadounidense experimenta una fuerte tendencia hacia la depreciación. Internamente, el masivo ingreso de divisas por exportaciones récord satura la economía de dólares, según mencionó para La Tribu 650 AM.

Con la nula intervención del Banco Central del Paraguay (BCP), la sobreoferta tumba el tipo de cambio naturalmente. Históricamente, en el segundo semestre siempre se registra una altísima apreciación de la moneda, indicó para el programa “Tribu diez”. Esta situación normalmente se da porque aumenta la demanda de dólares para adquirir productos importados de fin de año.

Asimismo, se precisan divisas para comprar insumos de cara a la zafra agrícola del mes de octubre, pero el colosal volumen de billetes que ingresó este ciclo hace casi imposible revertir la curva.

Este panorama marca una profunda división entre los ganadores y perdedores de nuestra coyuntura, en donde uno de los rubros productivos más duramente castigados por este escenario actual es la ganadería. Los empresarios y productores locales enfrentan un descalce financiero que resulta muy peligroso. Ellos facturan sus múltiples ventas al exterior en dólares, pero abonan costos en moneda nacional; pero al cambiar sus divisas a una tasa tan devaluada, el dinero que reciben es significativamente menor y no pueden subir sus precios porque dependen de frigoríficos que imponen tarifas hacia la baja.

Esta presión comercial obliga a los ganaderos a tomar medidas extremas como la faena de vientres. Irónicamente, el bajo valor del dólar tampoco significa un genuino alivio para nuestras familias.

La teoría dicta que un tipo de cambio barato debe reducir automáticamente el precio del supermercado. Sin embargo, los consumidores finales no notan ninguna clase de descuento en las góndolas locales; esto ocurre porque nuestro mercado sufre fricciones y carece de una verdadera competencia perfecta.

Las enormes cadenas comerciales son gigantescos compradores que establecen y regulan los valores, ya que ellos fijan largas condiciones de financiamiento y deciden proteger sus propios márgenes de lucro, por lo que prefieren ganar más dinero antes que trasladar la notable reducción de costos a la canasta básica.

Por lo tanto, cuando el dólar sube, todo se encarece al instante y el ciudadano es quien paga de más. Pero cuando el dólar cae de forma drástica, los precios no bajan y el pueblo sigue perdiendo.

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