El acuerdo comercial entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE), que entra en vigencia en mayo, despierta tantas expectativas como preocupaciones en el sector productivo paraguayo.
Alfred Fast, presidente de la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod), en comunicación con “La Tribu 650 AM”, analizó en profundidad este escenario que marcará un antes y un después en las exportaciones agropecuarias.
Para entender el peso de las declaraciones, es necesario dimensionar a Fecoprod. Este gremio aglutina a 34 cooperativas y cerca de 200.000 socios. Representan el 30% de la producción primaria nacional, el 35% de la soja, el 40% del trigo y el 90% de la producción láctea industrializada. Su evolución es innegable, pasaron de ser 20 agrupaciones hace medio siglo a consolidarse como un pilar insustituible del desarrollo económico.
Sobre el acuerdo birregional, Fast reconoció que cualquier mercado abierto resulta positivo. No obstante, subrayó las duras exigencias de la resolución europea N° 1115. El texto impone la separación física de los granos cultivados en parcelas aptas para la Unión Europea respecto a los demás, desde la cosecha hasta los silos. El líder cooperativo calificó esta medida de “imposible” con la infraestructura actual debido a los enormes sobrecostos que implicaría. Además, alertó sobre posibles cláusulas de salvaguarda que castigarían el crecimiento del volumen productivo o la caída de los precios, limitando el margen de competitividad local, fue lo que mencionó para “El Programa Ese”.
Otro punto crítico es la campaña internacional contra la producción de cuero y carne. El profesional calificó de “injusticia” las narrativas que vinculan erróneamente a estos sectores con la deforestación y el despojo territorial.
Aclaró que Paraguay mantiene un alto porcentaje de bosques nativos y fomenta un trabajo multicultural ejemplar con los pueblos originarios. Puso como ejemplo a las comunidades menonitas del Chaco, quienes adquirieron 180.000 hectáreas de tierras exclusivas para las familias indígenas, dotándolas de hospitales, escuelas y acceso al agua potable, superando incluso la presencia estatal.
El titular del gremio lamentó que, a pesar de los esfuerzos nacionales por implementar un sistema de trazabilidad animal preciso, existan ONG ambientalistas que, a base de información carente de sustento, logren presionar a los mercados europeos. Este tipo de presiones terminan castigando a productores que operan legalmente y exportan bienes premium a las mejores marcas del viejo continente. “Nos duele ver eso”, expresó el directivo, aludiendo al inmerecido desprestigio que sufre una industria pujante y transparente.
Finalmente, el panorama actual marca un reto. Por un lado, exige adaptarse para cumplir con los compradores europeos. Por otra parte, Paraguay deberá desplegar la mejor estrategia diplomática para frenar la desinformación y el daño comercial.

A TENER EN CUENTA:
1- Exigencias logísticas y económicas poco realistas: Aunque la apertura del mercado europeo es positiva, normativas como la resolución N.° 1.115 imponen requisitos de infraestructura (como la separación física de granos) que generan sobrecostos casi “imposibles” de asumir para los productores paraguayos.
2 - Desprestigio internacional injustificado: El sector enfrenta campañas de desinformación impulsadas por oenegés que lo vinculan erróneamente con la deforestación y el despojo de tierras, ignorando por completo los esfuerzos locales en trazabilidad ambiental y el apoyo social a comunidades indígenas.
3 - Un doble desafío estratégico: De cara al futuro, Paraguay se ve obligado a equilibrar la adaptación a las estrictas exigencias comerciales de la Unión Europea con una fuerte estrategia diplomática para defender la reputación de su sector agropecuario y frenar el daño comercial.


