Un conflicto prolongado en Oriente Medio tendría implicaciones crediticias globales a través de tres canales principales: el aumento de los precios de la energía, el endurecimiento de las condiciones financieras y mayores riesgos geopolíticos que afectarían al comercio y logística internacional. Así lo señala un informe de Moody’s Ratings, que analiza el impacto potencial de una disrupción sostenida en la región y sus efectos sobre distintos sectores y economías.
Según el reporte, el principal canal de transmisión sería el energético. Una interrupción significativa del suministro elevaría el precio del petróleo Brent hasta niveles cercanos a USD 135 por barril en el corto plazo y lo mantendría por encima de USD 100 durante varios meses. Este escenario incrementaría los costos de producción, reduciría márgenes empresariales y presionaría la inflación global, afectando especialmente a industrias intensivas en energía y economías dependientes de importaciones.
El informe advierte que el impacto sería desigual entre sectores. Las aerolíneas, los productos de construcción y la industria química aparecen como los más vulnerables, debido al peso del combustible y de los insumos energéticos en sus estructuras de costos. En el caso de las aerolíneas, el combustible representa el segundo gasto más importante, por lo que un aumento sostenido del petróleo reduciría la rentabilidad y obligaría a subir tarifas o ajustar capacidad. Las compañías de bajo costo serían las más expuestas por su limitada capacidad para trasladar precios.
La industria de productos de construcción también enfrentaría mayores costos de transporte y fabricación, en un contexto de demanda todavía frágil. Por su parte, el sector químico sufriría restricciones en la cadena de suministro y encarecimiento de materias primas, lo que incrementaría la volatilidad de ingresos y retrasaría la recuperación del ciclo productivo.
El segundo canal identificado por Moody’s es el financiero. Un conflicto prolongado provocaría mayor aversión al riesgo, ampliación de spreads crediticios y salida de capitales desde mercados emergentes. Al mismo tiempo, la persistencia de la inflación obligaría a mantener políticas monetarias restrictivas, encareciendo el financiamiento para empresas y gobiernos. Las compañías con deuda próxima a vencimiento o tasas variables serían las más afectadas.
El tercer canal corresponde a los riesgos geopolíticos y logísticos. Restricciones del espacio aéreo, daños a puertos o mayores primas de seguros encarecerían el transporte global, alterando rutas comerciales y elevando costos. Estas disrupciones podrían provocar cambios estructurales en las cadenas de suministro, con empresas buscando mayor resiliencia aunque a costa de eficiencia y costos más altos.
A nivel regional, las economías de Asia-Pacífico serían las más expuestas fuera de Oriente Medio, debido a su fuerte dependencia del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz. En esos países, el aumento del costo energético presionaría la inflación, debilitaría el crecimiento y deterioraría los balances externos. Europa también enfrentaría riesgos, aunque en menor medida, dependiendo de la fortaleza fiscal y la diversificación energética de cada país.
El informe destaca que no todos los sectores se verían perjudicados. Las industrias de energía y defensa podrían beneficiarse de precios más altos y mayor gasto militar, mientras que empresas con fuerte diversificación geográfica o capacidad de trasladar costos tendrían mayor resiliencia.
En conjunto, el análisis concluye que una disrupción prolongada en Oriente Medio generaría un entorno económico global más volátil, con crecimiento más lento, inflación elevada y mayores riesgos crediticios para empresas y países, especialmente aquellos con menor margen financiero o alta exposición a la energía.


