El mercado del trabajo en Paraguay cerró el 2025 con uno de los desempeños más sólidos del período reciente. La ocupación alcanzó niveles históricamente elevados, el desempleo cayó con fuerza y más de un millón de trabajadores se encuentran actualmente en empleos formales dentro del sector no agropecuario.
A primera vista, el panorama es alentador. Sin embargo, cuando se examinan los datos con mayor profundidad, emergen tensiones distributivas que matizan el optimismo coyuntural.
Entre el cuarto trimestre del 2023 y el mismo período del 2025, el número total de ocupados pasó de poco más de 3 millones a casi 3,3 millones de personas. Esto implica la creación de aproximadamente 277 mil empleos en dos años. La tasa de ocupación se elevó desde 65,8% hasta 70,8%, mientras que el desempleo descendió de 6,4% a 3,6%. La brecha de desempleo entre hombres y mujeres prácticamente desapareció, y el área rural registró tasas de desocupación incluso inferiores a las urbanas.
Fuente: Elaboración en base a datos del INE
Este comportamiento sugiere una fase claramente expansiva del ciclo económico. Si se aproxima la elasticidad empleo–producto para el período reciente, el resultado indica que el crecimiento económico fue altamente intensivo en trabajo. En otras palabras, el aumento de la actividad económica (Producto Interno Bruto) se tradujo efectivamente en generación de empleo, evitando el fenómeno de “crecimiento sin empleo” que caracteriza a otras economías en ciertos momentos del ciclo. El dinamismo observado en el 2024 y 2025 muestra que el crecimiento local tuvo una capacidad considerable para absorber mano de obra.
El ingreso laboral promedio también registró mejoras. En el cuarto trimestre del 2023 el ingreso mensual se ubicaba en torno a G. 3,2 millones; en el 2025 ascendió a aproximadamente G. 3,4 millones. El incremento nominal fue cercano al 5% interanual en el último año. Si se considera una inflación moderada, la mejora real fue muy leve pero positiva, lo cual en promedio muestra que los trabajadores perciben mayores ingresos que hace dos años.
No obstante, ese promedio oculta una heterogeneidad significativa. Cuando se analizan los ingresos por categoría ocupacional, la estructura salarial revela diferencias profundas tanto en niveles como en ritmos de crecimiento. En 2025, un profesional de rango superior percibe aproximadamente tres veces más que un trabajador no calificado y más de tres veces lo que gana una trabajadora doméstica. La dispersión no es nueva, pero lo relevante es que durante el ciclo expansivo reciente estas diferencias tendieron a ampliarse.
Entre el 2023 y el 2025, los ingresos de las ocupaciones de mayor calificación —directivos y profesionales— crecieron de manera considerable, en algunos casos alrededor del 20% acumulado en términos nominales. En cambio, los trabajadores no calificados experimentaron aumentos que apenas rondaron el 1% o 2%, mientras que el servicio doméstico prácticamente no mostró mejoras reales significativas. En términos relativos, el crecimiento salarial en los niveles más altos fue hasta 10 veces mayor que en la base de la pirámide ocupacional.
Este patrón tiene implicancias distributivas claras. El ciclo reciente redujo la desigualdad asociada al acceso al empleo (más trabajo), ya que muchas personas pasaron de la desocupación a la ocupación. Sin embargo, dentro del conjunto de ocupados, la brecha salarial se amplió. Se trata de un crecimiento pro-empleo, pero sesgado hacia el capital humano más calificado. En contextos de expansión económica, las empresas demandan con mayor intensidad perfiles técnicos y profesionales, lo que eleva sus remuneraciones. En contraste, los sectores de baja calificación, con alta informalidad y menor productividad, muestran mayor rigidez salarial.
La formalización del empleo no agropecuario mostró avances respecto al 2023, con un aumento importante en el número absoluto de trabajadores formales. Sin embargo, la tasa de formalidad se mantiene alrededor del 40% y presenta una leve moderación respecto al pico registrado en el 2024. La informalidad continúa concentrándose en trabajadores por cuenta propia y en el servicio doméstico, donde los niveles de formalización son estructuralmente bajos. Esto limita la capacidad de que el crecimiento económico se traduzca en mejoras homogéneas de calidad laboral.
El panorama del 2025, por tanto, combina fortalezas y desafíos. El país logró expandir el empleo, reducir el desempleo a mínimos recientes y mejorar el ingreso promedio. No obstante, el crecimiento salarial fue claramente asimétrico. Mientras los segmentos más calificados experimentaron mejoras reales apreciables, en la base ocupacional el poder adquisitivo permaneció prácticamente estancado, y hasta quizás en algunos haya caído dado el aumento de precios en ciertos bienes de la canasta básica.
La cuestión central hacia adelante no es únicamente sostener la creación de empleo, sino mejorar su calidad y su impacto distributivo. El verdadero desafío radica en elevar la productividad de los segmentos de menor ingreso, ampliar la formalización y fortalecer la capacidad de que el crecimiento se traduzca en mejoras más equitativas del bienestar. Porque un mercado laboral dinámico es condición necesaria para el desarrollo, pero no suficiente si la expansión profundiza las brechas internas.
Por lo menos, así lo veo yo.
(*) Economista y director de DCR Consultora. Profesor universitario.


