Después de ocho años consecutivos de pérdidas, la Industria Nacional del Cemento (INC) logró revertir su situación financiera y cerrar el 2025 con números en azul. El repunte no solo refleja una mejora operativa interna, sino también el dinamismo del sector de la construcción y la aparición de nuevos segmentos de demanda, como los proyectos de pavimento rígido.
La estatal registró un resultado positivo de G. 88.464 millones, equivalente al 17% de sus ingresos, con una facturación anual que alcanzó G. 567.000 millones. En términos productivos, fabricó 11,7 millones de bolsas de cemento y operó entre el 95% y 97% de su capacidad instalada, niveles que no se observaban desde hace varios años.
El contexto acompañó. El consumo nacional de cemento superó las 1,87 millones de toneladas durante 2025, impulsado principalmente por la construcción privada en Asunción y el área metropolitana. Este movimiento permitió a la INC fortalecer su presencia en el mercado interno, elevando su participación desde niveles que oscilaban entre 23% y 25% entre 2020 y 2023, hasta situarse actualmente en torno al 30% y 31%.
El presidente de la institución, Gerardo Guerrero, explicó que la recuperación no fue consecuencia de grandes inversiones estructurales, sino de ajustes operativos y mejoras en el mantenimiento industrial. “Logramos estabilizar la producción y optimizar procesos”, señaló, destacando además el impacto que tuvo la reducción del costo del coque de petróleo, principal insumo energético de la planta. El precio del combustible pasó de rondar los USD 500 por tonelada a ubicarse en torno a USD 275, lo que alivió la estructura de costos y permitió sostener un ritmo continuo de producción.
Uno de los factores que abre nuevas perspectivas para la industria es el avance del pavimento rígido en obras urbanas y viales. Este sistema, elaborado a base de cemento hidráulico, prioriza mayor durabilidad y menores costos de mantenimiento frente al asfalto tradicional. Para la industria cementera representa un nicho de alto potencial.
Guerrero sostuvo que la demanda vinculada a estos proyectos constituye una oportunidad estratégica. Las obras de pavimento rígido implican volúmenes importantes y contratos de ejecución prolongados, lo que podría consolidar un flujo sostenido de consumo para el sector. En la medida en que más municipios y proyectos viales adopten este esquema, el impacto sobre la producción local podría ampliarse.
Con el nuevo escenario, la INC proyecta alcanzar 13 millones de bolsas en 2026, lo que marcaría un récord histórico si se cumplen las metas establecidas. Para sostener ese crecimiento, la empresa prevé inversiones puntuales en sus instalaciones, como la renovación de separadores y equipos de molienda en Villeta, así como la actualización de componentes del horno y maquinaria minera en Vallemí.
Actualmente, la cementera emplea a aproximadamente 978 funcionarios. Entre el 90% y 95% de la producción se concentra en la planta de Villeta, mientras que Vallemí se dedica principalmente a la producción de clinker, materia prima esencial para el cemento Portland.
Aunque el resultado financiero es favorable, la conducción mantiene una postura cautelosa. El foco seguirá puesto en fortalecer la eficiencia operativa y consolidar el mercado tradicional, observando la evolución del sector de la construcción y el comportamiento de la infraestructura pública.
La recuperación de la industria cementera no solo marca un alivio para la estatal, sino que también se convierte en un indicador del movimiento económico más amplio. Si el pavimento rígido se consolida como tendencia estructural en las obras viales del país, el cemento podría reafirmarse como uno de los principales termómetros del ciclo productivo nacional.


