Tras cuatro entregas, la radiografía de Yacyretá deja un diagnóstico claro: se trata de una central estratégica con 3.200 MW instalados y una producción anual cercana a 20.000 GWh, pero atrapada en una arquitectura financiera inconclusa.
Nacida al amparo del Tratado de 1973, concebida como represa de gravedad con 20 turbinas Kaplan y diseñada para operar plenamente a cota 83 msnm, su historia ha estado marcada por operación parcial, tensiones tarifarias y una deuda estructural que condiciona cualquier expansión.
En esta entrega final planteamos una ingeniería financiera innovadora, inspirada en precedentes regionales exitosos, para transformar deuda en oportunidad. No se trata solo de saldar cuentas, sino de redefinir la gobernanza binacional, liberar capacidad de inversión y convertir definitivamente al “Gigante del Paraná” en un activo rentable, sostenible y plenamente operativo para la transición energética del Cono Sur.
La solución financiera
Las deudas históricas de la Entidad Binacional Yacyretá con el Tesoro argentino, estimadas en torno a los 4.000 millones de dólares según el acuerdo Cartes-Macri del 2017, continúan siendo el principal obstáculo para la plena operatividad y la expansión de la represa.
A pesar de pagos parciales y compromisos como el de 28 dólares por megavatio hora establecido en el 2025 y mantenido en el 2026 según resoluciones recientes de la Secretaría de Energía argentina, la falta de ratificación parlamentaria y las asimetrías persisten.
Paraguay sostiene que el territorio inundado, mayoritariamente en su lado territorial, junto con la cesión de energía, compensa sobradamente cualquier saldo pendiente, mientras Argentina reclama reembolsos por haber financiado la mayor parte de la construcción.
La solución innovadora y realista consiste en replicar el mecanismo de la operación Finely aplicada con éxito entre la Ande e Itaipú. Esta operación es la más exitosa operación financiera realizada en Paraguay de su historia, ya que demostró una ingeniería financiera brillante al permitir la adquisición de instrumentos de deuda al valor comercial descontado y su uso para cancelar obligaciones a valor facial completo, generando ahorros significativos y liberando recursos para el país.
El autor de esta columna tuvo el alto honor de participar activamente en la operación Finely de Ande-Itaipú y, posteriormente, lideré el diseño y la ejecución de la réplica de este mecanismo en El Salvador junto al presidente Nayib Bukele.
Esa operación salvadoreña logró un ahorro de casi 400 millones de dólares en la deuda soberana del país, y fue descrita por los medios especializados como “100% calcada” de la Finely paraguaya, exportando así con éxito esta fórmula financiera a nivel internacional.
Considero que podemos replicar el mismo esquema en la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) de manera eficiente y con el menor riesgo posible con la experiencia acumulada, los contactos en mercados internacionales y la capacidad operativa para adquirir títulos de deuda pública argentina —bonos soberanos o letras del Tesoro— en el mercado secundario al valor comercial actual.
Estos bonos, afectados por la historia de defaults y la percepción de riesgo, suelen cotizar al 50 o 60 por ciento de su valor facial en períodos de estrés, lo que permite obtenerlos con un descuento importante.
Posteriormente se canjean o entregan al Tesoro argentino para extinguir la deuda de la EBY a su valor facial completo. Y sería un honor para mí hacerla.
Por ejemplo, ante una deuda pendiente de 4.000 millones de dólares, si los bonos argentinos se compran al 55 por ciento del facial —un escenario conservador basado en valuaciones históricas—, Paraguay invertiría alrededor de 2.200 millones para adquirir títulos por 4.000 millones nominales.
Al entregarlos la deuda se cancela por el monto total, generando un ahorro neto de 1.800 millones de dólares. Este mecanismo no requiere nuevo endeudamiento neto para Paraguay, sino una operación de canje inteligente que aprovecha las distorsiones del mercado de deuda argentino.
Entre las ventajas se destacan el equilibrio binacional al reducir la carga financiera asimétrica sin imponer nuevos pagos directos ni aumentar tarifas a los consumidores paraguayos, el flujo de caja inmediato para Yacyretá que permitiría financiar el mantenimiento urgente de las 20 turbinas Kaplan —una bomba de tiempo por la operación inadecuada histórica— y acelerar el brazo Aña Cuá que sumaría 276 megavatios netos con tres turbinas adicionales de 92 megavatios cada una.
Además, cuenta con un precedente probado, ya que la operación Finely en Itaipú demostró viabilidad técnica y política. En Yacyretá podría estructurarse mediante un vehículo de propósito especial para emitir bonos respaldados por royalties futuros o flujos de energía cedida, atrayendo inversores institucionales bajo reglas 144A y Reg S con exención SEC.
Por último, genera beneficio mutuo porque Argentina liquida deuda interna con activos propios descontados, mejorando su balance fiscal sin salida de divisas fresca, mientras Paraguay gana soberanía energética y capacidad de inversión en expansión hacia un potencial total superior a 5.000 megavatios si se completa el diseño original.
Los desafíos incluyen la necesidad de acuerdo político bilateral, una valoración precisa de los bonos influida por la macro argentina en el 2026 y posiblemente un aval del Congreso argentino o paraguayo. Un modelo financiero de flujo de caja descontado a tasa del 5 por ciento confirmaría que, valorando el territorio perdido y los beneficios energéticos, la deuda neta favorece a Paraguay.
Esta ingeniería financiera transformaría Yacyretá de un gigante inacabado en un activo rentable y sostenible. Con voluntad política y replicando éxitos como Finely —la más exitosa en la historia financiera paraguaya y exportada con impacto global—, ambos países podrían resolver el laberinto de deudas y avanzar hacia una represa plena, contribuyendo a la transición energética regional. El futuro de Yacyretá no está en más disputas, sino en soluciones creativas y equitativas.
(*) Economista, analista de La Tribuna y asesor económico del presidente de El Salvador, Nayib Bukele.


