La tokenización consiste en fraccionar un activo físico —como un departamento, un terreno o incluso un proyecto productivo— en pequeñas partes digitales denominadas “tokens”. Cada token representa una porción del bien y puede ser adquirido por distintos inversores, permitiendo participar con montos mucho menores a los que exige el sistema tradicional.
Diego García, vicepresidente de la Cámara Paraguaya de Fintech, explicó que la reciente reforma de la Ley de Superintendencia de Valores ya contempla la tokenización de activos, lo que otorga un marco jurídico inicial para desarrollar este tipo de instrumentos. Según indicó, Paraguay históricamente adoptó con mayor lentitud los modelos tecnológicos financieros, pero ahora se encuentra en una etapa de adecuación normativa que habilita nuevos modelos de negocios.
El mecanismo puede explicarse con un ejemplo concreto. Si un departamento tiene un valor de USD 100.000, en lugar de venderlo completo a un único comprador, puede dividirse en 100 tokens de USD 1.000 cada uno. De esta manera, 100 inversores distintos pueden participar del mismo activo.
Si el inmueble se alquila por USD 800 mensuales, quien haya adquirido un token equivalente al 1% recibirá USD 8 por mes. En términos anuales, eso representa USD 96 sobre una inversión inicial de USD 1.000, lo que equivale a una rentabilidad aproximada del 9,6% anual, sin considerar la eventual valorización del bien.
Además del ingreso por alquiler, el inversor tiene la posibilidad de vender su token en el mercado digital si desea recuperar su capital. A diferencia de una compraventa tradicional, la operación puede realizarse de forma completamente digital, sin escritura pública ni trámites notariales extensos. La transferencia funciona de manera similar al endoso de un documento, pero respaldada por tecnología blockchain.
En la región, países como Brasil y Argentina ya desarrollan este tipo de esquemas. Incluso en contextos de inestabilidad económica, Argentina impulsó modelos de tokenización como alternativa para canalizar inversiones fuera del sistema bancario tradicional. Brasil, por su parte, avanzó con mayor dinamismo gracias a un ecosistema fintech consolidado y marcos regulatorios más ágiles.
En Paraguay, el desafío principal pasa ahora por la reglamentación específica y la articulación con la Bolsa de Valores, además de la supervisión de la autoridad competente. La incorporación de la figura en la ley constituye el primer paso, pero el desarrollo pleno del mercado requerirá normas claras sobre custodia, transparencia y protección al inversor.
Desde la Cámara Paraguaya de Fintech sostienen que la tokenización no busca reemplazar al sistema financiero tradicional, sino complementarlo. Se trata de una herramienta que reduce barreras de entrada, mejora la liquidez de activos tradicionalmente rígidos y amplía el acceso a oportunidades de inversión para pequeños ahorristas.
El avance regulatorio se inscribe en un proceso más amplio de modernización del mercado de capitales paraguayo. En un escenario donde la digitalización gana terreno en todos los sectores, la posibilidad de invertir desde montos accesibles y de manera 100% digital podría modificar la dinámica del mercado inmobiliario y financiero local.
Si el proceso normativo avanza según lo previsto, Paraguay podría dejar de ser un espectador tardío en materia de innovación financiera y comenzar a competir en un segmento que combina tecnología, inclusión y nuevas fuentes de financiamiento para la economía.










