En el Centro de Institutos Militares de Enseñanza del Ejército, en Mariano Roque Alonso, se realizó la ceremonia de clausura del Período de Instrucción 2026 del Centro de Instrucción Militar para Estudiantes y Formación de Oficiales de Reserva (Cimefor). El acto marcó la culminación de un nuevo ciclo de formación académica y militar, destacándose en esta edición la significativa participación de mujeres, reflejo del creciente protagonismo femenino en las Fuerzas Armadas.
Egresaron un total de 2.000 cimeforistas, integrados por 1.200 mujeres y 800 hombres que completaron la formación satisfactoriamente.
Durante el acto de ayer jueves, que contó con la presencia del jefe de Estado, Santiago Peña, el comandante del Cimefor, Javier Santander, resaltó que la formación impartida no solo se centra en el desarrollo de habilidades militares, sino que también promueve valores esenciales como el respeto, la disciplina y el patriotismo. Estos principios son fundamentales para formar líderes comprometidos con la defensa y el bienestar de nuestra nación.
Asimismo, enfatizó que la inclusión de hombres y mujeres de diversas edades, no solo enriquece la experiencia durante el desarrollo de la formación, sino que también fortalece el espíritu de unidad. La formación en el mencionado Centro empodera a todos sus participantes, preparándolos para enfrentar los desafíos del servicio militar con integridad, compromiso y dedicación.
Igualmente, destacó la confianza depositada por los padres al encomendarles “lo más preciado que tienen, sus hijos”, y afirmó que ese respaldo fortalece la misión institucional y renueva el compromiso de formar ciudadanos íntegros, con valores y vocación de servicio a la patria.
En su mensaje dirigido a los aspirantes, resaltó que el pabellón nacional ante el cual extenderán su diestra para jurarles fidelidad y ofrendar el sacrificio de sus vidas si necesario fuere, es el mismo que en Villa del Pilar, en 1845, el entonces general Francisco Solano López, pronunciara su juramento con aquellas palabras memorables: “Juro que jamás caerá de mis manos esta insignia sagrada de mi patria”.
Sobre el punto, recordó que el mariscal Francisco Solano López cumplió su juramento sosteniendo con firmeza la causa de la patria hasta el último instante de su vida. Pero no estuvo solo; su pueblo valiente y tenaz lo acompañó sin desfallecer, recorriendo junto a él la interminable senda del sacrificio y del dolor de la guerra, en un mismo espíritu de resistencia, sin que jamás se quebrara su voluntad.
Sostuvo además que, cuando las filas se redujeron a un puñado de sombras, el pabellón nacional aún ondeaba, desgarrado y abatido tras cien batallas, pero nunca humillado. Señaló que esa bandera, sostenida por manos exhaustas, simboliza la dignidad inquebrantable de un pueblo que prefirió la muerte antes que la rendición.
Agregó que así el mariscal cumplió su juramento y que cada paraguayo lo acompañó hasta el final, dejando como legado un ejemplo inmortal: que la grandeza de una nación no se mide por la victoria en las armas, sino por la nobleza de su resistencia y la firmeza de su espíritu.
“Este juramento nos recuerda que la patria no es un concepto abstracto, es la tierra que nos vio nacer, la memoria de nuestros héroes y la esperanza de las generaciones venideras; reconocemos que nuestra vida, nuestra disciplina y nuestro esfuerzo están al servicio de ella y que cada acción que emprendamos en su nombre será guiada por el honor y la lealtad”, añadió.
En ese contexto, remarcó que en cada jornada se les inculcó el respeto a las autoridades, así como la importancia de la unidad y la necesidad de actuar siempre con justicia y rectitud, comprendiendo que la verdadera grandeza del soldado paraguayo no se mide por su capacidad de combate, sino por su entrega desinteresada al servicio de la sociedad, su vocación de proteger a los más débiles y su disposición de ser ejemplo de integridad.



