Abandonar el uso de medicamentos para la obesidad después de haber conseguido una importante reducción de peso puede hacer que el paciente recupere buena parte de los kilos perdidos. El problema, según explicó la endocrinóloga y presidenta de la Sociedad Paraguaya de Obesidad, Elizabeth Valinotti, es que ese aumento no necesariamente devuelve al organismo a su condición anterior, debido a que si durante el descenso también se perdió masa muscular, el peso recuperado puede corresponder principalmente a grasa.
La especialista estima que, tras abandonar el medicamento, en aproximadamente 18 meses se puede recuperar casi el 100% del peso perdido. “Pero esa subida es de grasa sola, no de músculo que se perdió”, mencionó en La Tribu 650 AM. Esta diferencia puede afectar el metabolismo, porque el músculo cumple una función protectora, mientras que el tejido graso tiene actividad endocrina e inflamatoria.
Señaló además que el aumento de grasa puede favorecer la resistencia a la insulina y elevar el riesgo de desarrollar diabetes y otras enfermedades asociadas. Por eso, considera que realizar el tratamiento de manera parcial o suspenderlo sin seguimiento no es una buena estrategia para quienes viven con obesidad.
Un tratamiento que no debe ser improvisado
La médica recuerda que la obesidad es una enfermedad crónica, neuroendocrina y recurrente. Esto significa que no depende simplemente de la voluntad de la persona y que puede reaparecer en cuanto se interrumpa su abordaje. Los mecanismos que regulan el hambre y la saciedad pueden estar desequilibrados, mientras que el organismo activa respuestas para recuperar el peso perdido.
“Por más que el paciente haga todo muy bien, posiblemente va a tener bastante más hambre”, explicó. Añade que también se activan mecanismos de ahorro energético que llevan al cuerpo a defender el peso anterior.
Consultada sobre si este medicamento se puede utilizar por iniciativa propia como una solución rápida para bajar unos kilos antes de algún acontecimiento especial, sostuvo que la indicación debe responder a criterios médicos ya que se valora la condición de cada paciente.
¿Qué pacientes deberían evitar el medicamento?
Este medicamento puede estar indicado para personas con obesidad o con sobrepeso acompañado de enfermedades asociadas, como diabetes, hipertensión arterial o artrosis.
En cuanto a las contraindicaciones, la especialista mencionó, entre ellas, los cálculos en la vesícula, antecedentes de pancreatitis y el cáncer medular de tiroides.
Además, advirtió que una reducción excesiva de peso puede provocar pérdida de masa muscular, por lo que el seguimiento nutricional y la actividad física son componentes importantes del abordaje. La profesional insistió en que la supervisión debe ser indicada por un grupo de médicos. En ese equipo pueden intervenir endocrinólogos y diabetólogos, clínicos, nutricionistas y profesionales de fisioterapia o entrenamiento físico, según las necesidades del paciente, remarcó.
La masa muscular también importa
La actividad física no debe limitarse a caminar o correr. Valinotti destaca la importancia de los ejercicios de fuerza para conservar la masa muscular, cuya pérdida explicó que aumenta progresivamente después de los 30 años.
El tratamiento contra la obesidad, sostuvo, no se reduce a la aplicación de un medicamento, también se debe al estilo de vida, algo que debe ser definitivo.
La especialista también recuerda que estos fármacos tienen beneficios cuando se utilizan correctamente, entre ellos la reducción del riesgo cardiovascular y de la progresión de la prediabetes a la diabetes. Sin embargo, insiste en que no deben consumirse por recomendación de conocidos ni por decisión personal: su uso requiere una indicación precisa y controles profesionales.


