El neumotórax se produce cuando el aire se acumula en el espacio entre el pulmón y la pared torácica. Esa presión impide que el pulmón se expanda normalmente y puede provocar el colapso de una parte o de todo el órgano. La gravedad depende de la cantidad de aire acumulado y del estado de salud de la persona.
Uno de los síntomas más característicos es el dolor repentino en el pecho, que puede acompañarse de falta de aire. Aunque las molestias varían según la magnitud del colapso, no deben ser ignoradas. Si el dolor es intenso o la dificultad para respirar aumenta, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias, ya que algunos casos pueden poner en riesgo la vida.
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¿Por qué ocurre?
El neumotórax puede aparecer después de una lesión en el tórax, como las provocadas por accidentes o heridas. También puede presentarse en personas con enfermedades pulmonares, entre ellas la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la fibrosis quística o la neumonía. En otros casos, pequeñas bolsas de aire en la superficie del pulmón se rompen y permiten que el aire escape hacia el espacio que lo rodea.
La afección también puede producirse durante determinados procedimientos médicos o en personas que necesitan asistencia respiratoria mecánica. Asimismo, existe un mayor riesgo de recurrencia en quienes ya tuvieron un episodio. Fumar es otro factor que aumenta la probabilidad de desarrollar esta condición.
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El tratamiento depende de la gravedad
El diagnóstico suele confirmarse mediante una radiografía de tórax, aunque en algunos casos se requieren otros estudios por imágenes. El tratamiento depende del tamaño del colapso y de la situación clínica del paciente.
Cuando el neumotórax es pequeño, el médico puede optar por vigilar su evolución mediante controles. Si se acumula más aire, puede ser necesario extraerlo con una aguja o colocar una sonda torácica para facilitar la expansión pulmonar. En situaciones específicas, se recurre a procedimientos adicionales o a una cirugía para cerrar la fuga de aire y reducir el riesgo de que vuelva a ocurrir.
La recuperación requiere seguimiento médico y puede implicar restricciones temporales para algunas actividades, como volar o bucear. Por eso, es importante cumplir las indicaciones profesionales y consultar antes de retomar esfuerzos o actividades que puedan afectar la presión dentro del tórax.


