La espina bífida y la hidrocefalia son condiciones que pueden presentarse desde el nacimiento y requerir atención médica durante toda la vida. Aunque son diferentes, pueden estar relacionadas y, según cada caso, necesitan tratamientos especializados y seguimiento.
La espina bífida se trata de un defecto del tubo neural que ocurre cuando la columna vertebral y las estructuras que protegen la médula espinal no se cierran correctamente durante las primeras semanas del embarazo. Su gravedad varía, por lo que algunas personas presentan pocos síntomas, mientras que otras pueden tener dificultades para caminar, alteraciones de la sensibilidad y problemas para controlar la vejiga o el intestino.
La importancia del ácido fólico
Aunque no existe una causa única, la falta de folato puede aumentar el riesgo de desarrollar esta condición. Por eso, lo recomendable es que las personas que puedan quedar embarazadas consulten con un profesional de la salud sobre la ingesta diaria de ácido fólico, incluso antes de la concepción.
Esta estrategia se vuelve relevante ya que el tubo neural se forma durante las primeras semanas del embarazo, muchas veces antes de que la mujer sepa del embarazo. Según antecedentes de defectos el profesional podría indicar una dosis adecuada.
¿Cómo se manifiesta la hidrocefalia?
La hidrocefalia se produce cuando se acumula líquido cefalorraquídeo en los ventrículos del cerebro. Si el líquido aumenta excesivamente, puede elevar la presión y dañar el tejido cerebral si no se trata. En algunos bebés con formas graves de espina bífida, las alteraciones en las estructuras cerebrales dificultan la circulación normal de este líquido.
En recién nacidos, las señales pueden incluir aumento del tamaño de la cabeza, abultamiento de la fontanela, vómitos, somnolencia o irritabilidad. En niños mayores y adultos pueden aparecer dolor de cabeza, problemas de visión y dificultades para caminar. Ante estos síntomas, es importante acudir a un servicio de salud.
El diagnóstico puede realizarse durante el embarazo mediante ecografías y otros estudios, o después del nacimiento a través de evaluaciones médicas e imágenes. El tratamiento depende de cada situación y puede incluir cirugía y rehabilitación.
La atención oportuna y el seguimiento multidisciplinario ayudan a responder a las necesidades de cada persona y a favorecer su autonomía y calidad de vida.


