El diagnóstico de hígado graso suele generar preocupación y dudas sobre la alimentación a partir del diagnóstico. Sin embargo, cuidar el hígado no implica necesariamente vivir a base de ensaladas o alimentos poco atractivos. La clave está en revisar los hábitos y encontrar una forma de alimentarse que sea saludable, pero también posible de sostener.
La esteatosis hepática se produce cuando se acumula un exceso de grasa en el hígado y suele aparecer asociada a condiciones como sobrepeso, obesidad, diabetes, triglicéridos elevados, alteraciones del colesterol y otros problemas metabólicos. Realizar cambios en la alimentación e introducir actividad física forman parte de las principales medidas para mejorar esta condición, especialmente cuando existe exceso de peso.
Para el Lic. Daniel Ferreira, nutricionista del Departamento de Programas de Salud del Instituto de Previsión Social (IPS), uno de los errores es pensar que existe una dieta única que debe seguir toda persona con hígado graso.
“Primero debemos conocer cómo come el paciente”, explicó. La consulta nutricional parte de esa realidad ya que se indaga sobre qué desayuna, qué almuerza, qué cena, qué bebidas consume, cuáles son sus horarios y qué alimentos forman parte habitualmente de su mesa.
No se trata de prohibir todo
En lugar de eliminar las comidas tradicionales, se pueden modificar las cantidades, la frecuencia y las formas de preparación.
Como ejemplo explicó que se puede incluir una carne magra con mandioca y ensalada, pollo al horno con arroz y vegetales, pescado con puré, guisos de lentejas con carne y verduras, tallarines con salsa casera o un omelette con vegetales, cuidando las porciones.
El objetivo es reducir el consumo frecuente de gaseosas, jugos azucarados, bebidas muy dulces, exceso de azúcar, frituras, productos ultraprocesados, embutidos y preparaciones con grandes cantidades de grasa. También debe evaluarse el consumo de alcohol, debido a su impacto sobre el hígado.
Para conocer los hábitos, el profesional puede recurrir a la anamnesis alimentaria o historia dietética y al recordatorio de 24 horas, una herramienta que permite reconstruir qué consumió la persona durante el día anterior. A partir de esa información se identifican cambios concretos que puedan incorporarse progresivamente.
“Decir simplemente ‘no comas esto’ o ‘comé aquello’ es fácil de indicar, pero difícil de aplicar en el día a día”, sostuvo Ferreira.
Por eso, una persona acostumbrada a comer mandioca, arroz, carne o guisos no necesariamente debe abandonar esos alimentos. El trabajo consiste en buscar un mejor equilibrio y adaptar las porciones, combinaciones y preparaciones.
La alimentación, además, no es el único aspecto a considerar. Caminar, andar en bicicleta, realizar ejercicios de fuerza o practicar alguna actividad que resulte agradable también puede contribuir a reducir la grasa hepática y mejorar la salud metabólica. La actividad física puede aportar beneficios incluso sin que exista una pérdida de peso.
“Buscamos una alimentación que la persona pueda sostener durante años, porque cuidar el hígado no significa dejar de disfrutar de la comida”, concluyó el nutricionista.
La clave está en los cambios sostenibles
El abordaje nutricional del hígado graso no consiste en entregar una lista rígida de alimentos permitidos y prohibidos. El profesional necesita conocer primero cómo se alimenta la persona para establecer objetivos acordes con sus horarios, preferencias, posibilidades y estado de salud.
Entre los cambios que pueden trabajarse están reducir bebidas azucaradas, frituras, productos ultraprocesados, embutidos y alimentos con exceso de grasas y azúcares, además de controlar las porciones. Las frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes de proteínas magras pueden formar parte de una alimentación saludable.
En las personas con sobrepeso u obesidad, una reducción gradual del peso puede disminuir la cantidad de grasa acumulada en el hígado. No se recomienda recurrir a descensos rápidos ni a dietas extremas, ya que el objetivo es mejorar la salud sin comprometer una adecuada nutrición.


