La diabetes ya no es una enfermedad que deba asociarse exclusivamente a la edad adulta. En nuestro país, los especialistas observan cada vez más casos del tipo 2 en niños y adolescentes, una situación que se relaciona con el aumento de sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo y los hábitos alimentarios.
La doctora Griselda Sosa, presidenta de la Sociedad Paraguaya de Diabetología, explicó para La Tribuna que el antecedente familiar también tiene un peso importante. “Cuando nosotros tenemos un padre, madre, hermanos, abuelos con diabetes, nos predispone a tener diabetes también”, señaló.
La profesional remarcó que existen factores que no pueden modificarse, como la predisposición genética, pero otros sí se pueden abordar desde edades tempranas. Entre ellos, citó el exceso de peso, la alimentación inadecuada y la falta de actividad física. “Lo que nosotros queremos enfocarnos es justamente en los factores de riesgo que se pueden modificar”, sostuvo.
En el caso de la diabetes tipo 1, el mecanismo es diferente. Se trata de una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario destruye las células del páncreas encargadas de producir insulina, es por eso que el niño necesita insulina desde el diagnóstico.
Las apariciones de los síntomas pueden ser rápidas
La sed excesiva, orinar con mucha frecuencia, hambre intensa y pérdida de peso son señales que pueden advertir de una alteración de la glucosa y la resume como las “4 P”: poliuria, polidipsia, polifagia y pérdida de peso.
“Muchas veces la diabetes es una enfermedad que no da síntomas mayormente”, advirtió la especialista. Por ello, ante cambios llamativos en los hábitos del niño o factores de riesgo, se recomienda consultar al pediatra o médico de familia.
El tratamiento depende del tipo de diabetes, ya que en la tipo 1 implica la aplicación de la insulina, los controles frecuentes de glucemia, la alimentación y actividad física. En la tipo 2, el abordaje se concentra especialmente en modificar hábitos, como controlar la glucosa y, cuando corresponde, utilizar medicamentos o insulina.
Familia y escuela, claves para el niño
La doctora Giselda Sosa considera que en el manejo de la diabetes infantil deben involucrarse también a la familia y al sistema educativo para que los hábitos saludables formen parte de la vida cotidiana. En ese sentido, señaló que existen iniciativas como escuelas saludables, pero planteó la necesidad de un trabajo en conjunto para mejorar la oferta de alimentos en las cantinas para evitar que un compañero no se sienta diferente frente a sus pares.
La tecnología también abrió nuevas posibilidades para el control de la diabetes tipo 1. Los sensores de glucosa continua permiten medir los niveles de glucosa sin recurrir constantemente a los controles mediante punción, y algunos dispositivos envían los registros al teléfono del niño, de sus padres e incluso del médico. Aunque su costo todavía puede ser elevado, la especialista destacó que ya están disponibles en el país. La actividad física, por su parte, no está prohibida, ya que los niños con diabetes pueden practicar deportes, incluso de alto rendimiento, siempre que aprendan a controlar su glucemia antes y después del ejercicio, ajustar el manejo según las indicaciones médicas y contar con una colación cuando sea necesario.


