La crianza respetuosa propone acompañar el desarrollo de los niños desde el respeto mutuo, el vínculo afectivo y la comprensión de sus necesidades emocionales y evolutivas.
Muchas veces se cae en el error frecuente de confundir estos conceptos con una crianza sin límites. En conversación con La Tribuna, la especialista en disciplina positiva, Carminha Ramalho, explica que “escuchar las emociones de un niño no significa permitir cualquier tipo de conducta”.
Los niños necesitan sentirse comprendidos, pero también requieren límites claros y consistentes que les brinden seguridad. La disciplina, explica, no debería centrarse en controlar al niño, sino en enseñarle habilidades para desenvolverse en la vida.
¿Cómo aplicar el método de crianza positiva sin caer en la sobreprotección?
Las normas, según Ramalho, deben ser pocas, claras, coherentes y acordes con la edad. También recomienda explicar el motivo de los límites, anticipar las consecuencias naturales y lógicas de las acciones y mantener una actitud firme, pero respetuosa.
La especialista también advierte sobre la tendencia de algunos padres a intentar evitar cualquier frustración. Considera que esto puede privar a los niños de oportunidades para desarrollar habilidades como la tolerancia, la espera y la resolución de problemas.
“El rol del adulto no es eliminar todas las dificultades, sino acompañar al niño mientras aprende a transitarlas”, afirma. En ese sentido, la sobreprotección aparece cuando los adultos resuelven constantemente los problemas de sus hijos o buscan evitarles situaciones que podrían generar frustración.
¿Cómo no caer en la culpa y la frustración cuando lo que se aplica no da los resultados esperados?
La crianza es un proceso que no tiene una fórmula con resultados inmediatos. Se vive el día a día, con tiempo, repetición, coherencia y perseverancia; para ver el fruto del aprendizaje y las habilidades que se construye.
Regular las emociones, controlar impulsos, tolerar la frustración. “Los adultos también están aprendiendo”. El ejercicio diario es hacer una pausa antes de reaccionar, preguntarse qué necesita el niño en ese momento y cuál es la mejor forma de aplicar la enseñanza.
Habrá días con calma y otros donde la paciencia toque el límite. Ante estas situaciones, la especialista sugiere revisar cómo se siente uno mismo, lo ocurrido y reparar cuando sea necesario para seguir construyendo ese vínculo.
La especialista explica que, ante la búsqueda de ayuda profesional, los procesos no necesariamente son largos con terapia semanal, sino más bien un espacio de psicoeducación donde se brindan herramientas prácticas para guiar y educar a los hijos con seguridad dentro de la dinámica familiar.
Criterios dispares dentro de la pareja
La especialista explica que los criterios dispares dentro de una familia son una situación frecuente y destaca que, en estos casos, es fundamental el diálogo, más que intentar convencer desde la crítica. Lo efectivo sería trazar objetivos comunes y acordar pautas básicas que ambos puedan sostener.
Aclara además que los hijos no necesitan adultos idénticos, sino referentes que, ante una disputa, no se desautoricen mutuamente delante del niño, para mantener un ambiente seguro y predecible. “En el momento que haya una diferencia, eso hay que resolverlo en cuatro paredes entre los adultos, entre los padres, y luego mantener una postura frente a los niños”, concluyó.

Consejo para los padres
“La crianza no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de estar presentes, disponibles y dispuestos a aprender junto con nuestros hijos. Cada niño es único, tiene su propio ritmo, sus fortalezas y sus desafíos, por lo que no existen recetas universales que funcionen para todas las familias. Criar con respeto no significa renunciar a los límites, sino enseñar desde el vínculo, el ejemplo y la comprensión.
Los momentos difíciles también forman parte del desarrollo y son oportunidades para acompañar, enseñar y fortalecer la relación. La crianza se construye día a día, y cada pequeño cambio que fortalezca el vínculo y promueva el bienestar emocional de los niños tendrá un impacto positivo en su infancia y en su forma de relacionarse a lo largo de la vida. Pedir ayuda ante las dudas no es debilidad, sino un acto de responsabilidad y amor”.


