El equilibrio permite mantener el cuerpo estable tanto al estar quieto como al caminar o cambiar de posición. Para lograrlo, el organismo integra información proveniente de los ojos, los músculos, las articulaciones, los nervios y el oído interno, además del sistema cardiovascular.
Cuando alguno de estos mecanismos falla, pueden aparecer mareos, vértigo, inestabilidad o sensación de caída. Una parte importante de los trastornos del equilibrio se relaciona con el sistema vestibular, ubicado en el oído interno.
Los síntomas no siempre se presentan de la misma manera. Algunas personas sienten que la habitación gira, una manifestación conocida como vértigo; otras describen aturdimiento, sensación de desmayo, inestabilidad al caminar o la impresión de estar flotando. También pueden aparecer caídas, visión borrosa o desorientación. La forma en que se manifiesta el problema aporta información importante para determinar su posible origen.
El oído interno es una pieza clave
Una de las causas más frecuentes del vértigo es el vértigo posicional paroxístico benigno. Se produce cuando pequeños cristales de calcio que participan en el sistema de equilibrio del oído interno se desplazan de su ubicación habitual.
Como consecuencia, determinados movimientos de la cabeza pueden desencadenar una sensación intensa y breve de que todo gira. Por ejemplo, puede aparecer al darse vuelta en la cama o al inclinar la cabeza.
También existen otros trastornos vestibulares, como la neuritis que puede provocar vértigo intenso y persistente, acompañado de náuseas y dificultad para caminar.
La enfermedad de Ménière puede generar episodios de vértigo junto con zumbidos, sensación de oído tapado y cambios en la audición. Las migrañas también pueden producir mareos y sensibilidad al movimiento, incluso sin que exista necesariamente un dolor de cabeza al mismo tiempo.
Pero no todos los problemas de equilibrio se originan en el oído. Una caída importante de la presión arterial al ponerse de pie puede causar aturdimiento o sensación de desmayo. Las alteraciones del ritmo cardíaco y otros problemas cardiovasculares pueden reducir temporalmente el flujo sanguíneo y provocar síntomas similares.
La debilidad muscular, las alteraciones de las articulaciones, los problemas de visión, las lesiones de los nervios de las piernas y algunas enfermedades neurológicas también pueden afectar la estabilidad. Determinados medicamentos pueden contribuir igualmente al problema.
Encontrar la causa es fundamental
Según los síntomas, el profesional puede solicitar una prueba auditiva y diferentes estudios del sistema vestibular. En determinados casos, también pueden indicarse estudios de imágenes, como una resonancia magnética o una tomografía, además de controles de presión arterial y frecuencia cardíaca.
El tratamiento depende directamente de la causa. También pueden indicarse cambios en el estilo de vida o medicamentos y, en situaciones específicas, procedimientos quirúrgicos.
Por eso, un episodio aislado de mareo no necesariamente significa que exista una enfermedad del equilibrio, pero cuando las molestias se repiten, interfieren con la marcha o provocan caídas es conveniente consultar. Identificar el origen permite elegir el tratamiento adecuado y reducir el riesgo de nuevas caídas o lesiones.


