Frenillo lingual corto en bebés: ¿cómo saber si es operable o no?

El frenillo lingual corto en bebés se presenta desde el nacimiento y limita el movimiento de la lengua en algunos, dificultando la lactancia. Especialistas recomiendan evaluar el caso antes de una intervención.

| Por La Tribuna
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Los frenillos linguales en bebés hacen que no puedan tener un buen agarre en la lactancia y causen grandes problemas para producir sonidos.

El frenillo lingual corto, conocido como anquiloglosia, es una alteración presente desde el nacimiento en la que una banda de tejido ubicada debajo de la lengua limita su movimiento.

La condición puede pasar inadvertida y no generar ningún inconveniente, pero en algunos bebés puede dificultar la lactancia al impedir que la lengua se eleve o se extienda adecuadamente durante la succión. Es por eso que su importancia no radica únicamente en la apariencia, sino en determinar si realmente afecta la función de la lengua.

Durante la lactancia, el bebé necesita coordinar los movimientos de la lengua para sujetarse al pecho y extraer la leche. Cuando existe una restricción importante, puede presentarse un agarre inadecuado, tomas prolongadas o poco beneficiosas, además de dificultades para transferir suficiente leche.

La madre, a su vez, puede experimentar dolor o lesiones en los pezones. Pero se debe tener en cuenta que estos problemas son frecuentes durante las primeras semanas de lactancia y pueden tener múltiples causas, por lo que atribuirlos automáticamente a un frenillo corto puede llevar a un diagnóstico innecesario.

La Academia Americana de Pediatría (AAP) advierte que menos de la mitad de los bebés que presentan características físicas compatibles con anquiloglosia tienen dificultades para amamantar.

¿Cómo saber si el frenillo lingual es parte del inconveniente?

Entre los signos que pueden orientar a una evaluación se encuentran la dificultad para levantar la lengua hacia los dientes superiores, moverla de un lado a otro o sacar más allá de los dientes inferiores. También puede observarse una hendidura en la punta de la lengua cuando el niño intenta sacarla. No obstante, la apariencia por sí sola no permite establecer la necesidad de tratamiento.

El diagnóstico se realiza mediante la evaluación clínica de la lengua y, en los bebés, debe complementarse con una valoración de la alimentación y de la lactancia.

La primera medida cuando existen problemas para amamantar es identificar todas las posibles causas. Los especialistas indican que la posición del bebé, el agarre al pecho, la capacidad de succión y otros factores relacionados con la madre y el recién nacido también pueden influir.

El abordaje puede involucrar al pediatra, especialistas en lactancia y profesionales vinculados con la alimentación infantil antes de plantear una intervención quirúrgica.

Cuando la restricción es significativa y las dificultades funcionales persisten pese a las medidas de apoyo puede considerarse una frenotomía, que es un procedimiento que libera el frenillo. Evidencias indican que reduce el dolor en pezones en las madres, aunque no hay conclusiones de mejores resultados en la lactancia a largo plazo.

En niños mayores, una movilidad limitada de la lengua puede dificultar algunas actividades orales y, en determinados casos, problemas para producir ciertos sonidos. Sin embargo, tampoco existe respaldo suficiente para realizar una frenotomía únicamente con la finalidad de prevenir futuros problemas del habla, del sueño o de la dentición. La decisión debe basarse en una dificultad concreta y comprobada.

La anquiloglosia, por tanto, no debe entenderse como una condición que necesariamente necesita ser corregida, pero sí evaluada para tomar mejores decisiones.

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