El herpes labial, también conocido como herpes febril, es una infección causada principalmente por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). Se manifiesta habitualmente mediante pequeñas ampollas llenas de líquido que aparecen sobre los labios o alrededor de ellos.
Las lesiones se suelen agrupar, romper, para luego formar una costra antes de desaparecer. En la mayoría de los casos, el brote se resuelve en unas dos o tres semanas y no deja cicatrices.
Entre sus principales características está que el virus permanece en el organismo después de la primera infección. Puede permanecer inactivo en las células nerviosas y reactivarse posteriormente, provocando nuevos brotes, que luego aparecen en la misma zona.
El brote puede comenzar antes de que aparezcan las lesiones visibles. Hormigueo, picazón o ardor alrededor de los labios son unas de las señales.
En una primera infección, los síntomas pueden ser más intensos y acompañarse de fiebre, dolor de garganta, dolor de cabeza, dolores musculares, molestias en las encías y aumento de tamaño de los ganglios linfáticos. En los niños pequeños, las lesiones dentro de la boca pueden confundirse con aftas, aunque estas no son causadas por el virus del herpes simple.
¿Cómo se transmite el herpes labial?
El contagio ocurre generalmente mediante contacto directo con una persona infectada. Los besos, compartir objetos personales como maquillaje, bombillas de mate o tereré, o el contacto directo con las lesiones o las secreciones son vías frecuentes de transmisión.
El VHS-1 también puede llegar a la zona genital mediante el sexo oral, por lo que el herpes oral y el genital no están estrictamente determinados por un único tipo de virus. El VHS-2, asociado con mayor frecuencia al herpes genital, también puede afectar la boca.
El riesgo de transmisión es mayor cuando existen ampollas con líquido, pero el virus también puede transmitirse cuando no hay lesiones visibles. Además, muchas personas infectadas nunca desarrollan síntomas, por lo que desconocen que portan el virus.
Luego de la primera infección, varios factores pueden favorecer su reaparición, como episodios de fiebres, estrés, cansancio, cambios hormonales, exposición al sol o viento, modificaciones en el sistema inmunitario y lesiones en la piel.
Aunque el herpes labial suele desaparecer sin tratamiento, es recomendable consultar con un profesional de la salud cuando las lesiones no se curan en dos semanas, son muy extensas o dolorosas, aparecen con frecuencia o la persona tiene las defensas debilitadas.
También requiere especial atención la aparición de dolor ocular o una sensación persistente de arenilla en los ojos. El virus puede afectar los ojos y, en casos recurrentes, provocar lesiones que comprometan la visión. Las personas con dermatitis atópica o con un sistema inmunitario debilitado tienen además mayor riesgo de que la infección se extienda a otras zonas de la piel.


