La cerveza forma parte del consumo habitual de muchas personas, pero su ingesta durante un tratamiento médico no siempre es compatible con los medicamentos. Por ello, el doctor Carlos Centurión, jefe de Clínica Médica del Hospital de Especialidades Quirúrgicas IPS Ingavi, recomienda consultar antes de consumir bebidas alcohólicas mientras se sigue una medicación.
“Dependiendo del medicamento, esta combinación puede disminuir su efecto terapéutico o potenciar reacciones adversas, algunas de ellas de gravedad”, explicó el especialista. Por ese motivo, señaló que lo más prudente es evitar el alcohol durante un tratamiento, salvo que el profesional que indicó el medicamento determine que su consumo es seguro.
¿Cuáles son los medicamentos que no se pueden mezclar con alcohol?
Entre las combinaciones que merecen especial atención se encuentran algunos antibióticos, como el metronidazol y el tinidazol. Según el especialista, consumir alcohol junto con estos medicamentos puede provocar náuseas, vómitos, enrojecimiento y palpitaciones.
También existe riesgo cuando la cerveza se combina con medicamentos que producen sedación, como clonazepam, alprazolam y diazepam. El alcohol puede potenciar la somnolencia y disminuir los reflejos, mientras que con determinados medicamentos que deprimen el sistema nervioso central puede aumentar el riesgo de problemas respiratorios. Además, podrían intensificar los efectos de medicamentos sedantes y de algunos analgésicos opioides.
Los analgésicos opioides, entre ellos tramadol, morfina y codeína, requieren particular precaución porque la combinación puede incrementar la depresión del sistema respiratorio. En el caso del paracetamol, el consumo de alcohol puede aumentar el riesgo de daño hepático, especialmente cuando se utiliza en cantidades elevadas o durante períodos prolongados. Cuando se lo combina con paracetamol de manera regular y advierten sobre el riesgo de lesión hepática.
Antiinflamatorios y medicamentos para enfermedades crónicas
El ibuprofeno, el diclofenac y el naproxeno también requieren precaución. El alcohol puede aumentar la irritación del estómago y favorecer problemas como úlceras y sangrado digestivo. Señalan que el alcohol puede agravar los efectos gastrointestinales de algunos analgésicos y antiinflamatorios.
En pacientes que utilizan anticoagulantes, como la warfarina, el consumo de alcohol puede modificar el riesgo de sangrado. Asimismo, en personas tratadas con insulina u otros medicamentos para la diabetes, el alcohol puede favorecer una disminución de la glucosa en sangre. En quienes reciben medicamentos para la hipertensión, la combinación puede contribuir a una reducción excesiva de la presión arterial y provocar mareos o desmayos.
El riesgo no depende únicamente del medicamento. También influyen la cantidad de alcohol consumida, la dosis del fármaco, el tiempo durante el cual se utiliza y las condiciones de salud de cada persona. Por eso, una combinación que puede no generar complicaciones en un paciente puede resultar riesgosa en otro.
¿La cerveza sin alcohol es segura?
La cerveza sin alcohol tampoco debe considerarse automáticamente segura para todas las personas. Aunque contiene una cantidad de alcohol muy baja, algunos productos pueden conservar pequeñas cantidades y también aportar carbohidratos, sodio u otros componentes que deben tenerse en cuenta, especialmente en personas con diabetes, hipertensión arterial o enfermedad renal.
¿Qué hacer si se consumió alcohol durante el tratamiento?
Si una persona tomó cerveza mientras estaba bajo tratamiento, no debe suspender ni modificar por cuenta propia la medicación. El riesgo dependerá del medicamento, la cantidad de alcohol ingerida y las características individuales.
La aparición de somnolencia intensa, dificultad para respirar, mareos severos, desmayo, palpitaciones, vómitos persistentes, sangrado inusual, confusión, convulsiones o signos de hipoglucemia, como sudor frío y temblores, requiere atención médica inmediata.
El alcohol también puede favorecer la pérdida de líquidos, ya que el alcohol tiene efecto diurético y puede contribuir a la deshidratación, especialmente en determinadas circunstancias. Esto merece mayor atención en adultos mayores y en personas con hipertensión, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal, así como en quienes utilizan medicamentos diuréticos.


