La mastitis es una de las complicaciones más frecuentes durante la lactancia y ocurre cuando el tejido mamario se inflama, generalmente por la acumulación de leche o por una infección bacteriana. Aunque puede presentarse en mujeres que no amamantan, la mayoría de los casos ocurre en las primeras semanas posteriores al parto.
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina e incluyen dolor intenso en una zona de la mama, enrojecimiento, aumento de la temperatura local, hinchazón y sensación de endurecimiento. A esto pueden sumarse fiebre superior a 38 °C, escalofríos, cansancio y malestar general, signos que requieren consulta médica para confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento correspondiente.
La principal causa es el vaciamiento incompleto de la mama, lo que favorece la obstrucción de un conducto y la acumulación de leche. También pueden influir las grietas en el pezón, que facilitan el ingreso de bacterias, una técnica incorrecta de amamantamiento, el uso de prendas muy ajustadas que comprimen el pecho, el estrés, el agotamiento y el tabaquismo.
Los especialistas recomiendan no suspender la lactancia salvo indicación médica, ya que continuar amamantando o extraer la leche ayuda a desobstruir los conductos y favorece la recuperación. Cuando existe una infección bacteriana, el tratamiento suele incluir antibióticos compatibles con la lactancia, además de analgésicos o antiinflamatorios según cada caso.
Si la mastitis no recibe tratamiento oportuno, puede evolucionar hacia un absceso mamario, una acumulación de pus que en muchos casos requiere drenaje quirúrgico. Por ello, los médicos aconsejan consultar apenas aparecen los primeros síntomas y no esperar a que el cuadro empeore.
Para disminuir el riesgo de mastitis, se recomienda amamantar con frecuencia, permitir que el bebé vacíe completamente una mama antes de ofrecer la otra, variar las posiciones durante las tomas, asegurar un buen agarre al pecho y buscar apoyo de un profesional de lactancia ante cualquier dificultad. Mantener una adecuada hidratación, descansar y evitar el uso de prendas que compriman las mamas también contribuyen a prevenir esta afección.
Qué tratamiento podría recibir la persona afectada
Tras la evaluación clínica y un examen físico, el profesional solicita una ecografía mamaria o la extracción de una muestra del líquido acumulado en la mama para identificar la bacteria responsable de la infección o descartar otras enfermedades, y así poder seleccionar el antibiótico adecuado.
Los especialistas recomiendan seguir el esquema indicado y consultar nuevamente en caso de persistir las molestias. La lactancia generalmente no se suspende ya que amamantar o extraer ayuda a vaciar la mama.
Para aliviar los síntomas también se aconseja evitar que las mamas permanezcan demasiado llenas entre las tomas, asegurar un buen agarre del bebé, masajear suavemente la zona afectada durante la lactancia o la extracción, aplicar calor antes de amamantar si hay dificultad para vaciar la mama y colocar compresas frías después de cada toma.
Mantener una buena hidratación, descansar y utilizar un sostén con buen soporte también forman parte de las medidas recomendadas para favorecer la recuperación.


