La pérdida involuntaria de peso, la disminución del apetito, la debilidad persistente o las dificultades para alimentarse son algunas de las señales que pueden indicar riesgo nutricional en los adultos mayores. Aunque suelen asociarse al proceso natural de envejecimiento, especialistas advierten que estos cambios no deben normalizarse y requieren una evaluación oportuna.
El licenciado Daniel Ferreira, nutricionista del Departamento de Programas de Salud de la Dirección de Medicina Preventiva y Programas de Salud, explicó que la alimentación adecuada cumple un papel fundamental. “Las vitaminas y minerales no curan por sí solos, pero sí son necesarios para que el sistema inmunológico funcione correctamente”, señaló.
Según el profesional, entre los nutrientes más importantes para esta etapa de la vida se encuentran las vitaminas D, C y B12, además del zinc y el hierro. La vitamina C puede obtenerse de frutas cítricas, guayaba, acerola, mamón, frutilla, tomate y otras verduras, mientras que el zinc está presente en carnes, huevos, lácteos, legumbres y frutos secos. En el caso de la vitamina B12, destacó que se encuentra principalmente en alimentos de origen animal y que su absorción puede disminuir con la edad o por efecto de algunos medicamentos.
La nutrición adquiere especial relevancia en las personas mayores debido a los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento. La disminución del gusto y del olfato, los problemas dentales, las dificultades para masticar o tragar y la reducción del apetito pueden limitar la ingesta de alimentos y aumentar el riesgo de desnutrición. A esto se suman enfermedades crónicas, tratamientos farmacológicos y situaciones de aislamiento social que también pueden afectar la alimentación.
Ferreira indicó que existen señales que deben alertar tanto a los familiares, como al equipo de salud. “Hay que prestar atención a la pérdida de peso involuntaria, ropa más floja, cansancio persistente, caídas frecuentes, heridas que tardan en cicatrizar, infecciones repetidas, dificultad para masticar o tragar, tristeza, aislamiento o abandono de comidas”, afirmó.
El especialista enfatizó que estos síntomas no son una consecuencia inevitable de la edad. Por el contrario, pueden reflejar un deterioro del estado nutricional que, si no es abordado a tiempo, incrementa el riesgo de complicaciones, hospitalizaciones y pérdida de autonomía.
Cuando existe bajo peso, enfermedad o dificultades para cubrir los requerimientos nutricionales diarios, una evaluación profesional permite determinar si es necesario incorporar suplementos nutricionales orales.
El especialista advirtió que la suplementación debe realizarse bajo supervisión. “Más no siempre es mejor. Las megadosis de vitaminas o minerales pueden causar efectos adversos o interactuar con medicamentos”, remarcó.
Finalmente, recordó que el fortalecimiento de las defensas no depende de productos milagrosos ni de un único nutriente. “Depende de sostener hábitos simples, constantes y bien acompañados como comer suficiente proteína, incluir frutas y verduras, beber agua, moverse, dormir bien, vacunarse, controlar enfermedades y consultar a tiempo”, concluyó.
Nutrientes claves para fortalecer el cuerpo
La alimentación en los adultos mayores no es la misma que en la juventud. Con el paso de los años, el cuerpo pierde masa muscular, los huesos se vuelven más frágiles y el sistema digestivo cambia. La proteína es uno de los nutrientes clave, ya que ayuda a combatir la sarcopenia, esa pérdida de músculo relacionada con la edad. Pero más de uno de cada tres adultos mayores de 50 años no consume lo suficiente. La recomendación es entre 1 y 1,2 gramos por kilo de peso al día, combinado con ejercicios de fortalecimiento.
El calcio y la vitamina D también son fundamentales para la salud ósea. Los hombres mayores de 51 años necesitan 1.000 mg de calcio al día, mientras que las mujeres requieren 1.200 mg. La vitamina D, por su parte, ayuda al cuerpo a absorber el calcio y lo que se recomiendan entre 600 y 800 UI diarias. La fibra, la vitamina B12, el magnesio y el potasio completan la lista de nutrientes esenciales para mantener la energía, la función cerebral, la presión arterial y la salud digestiva en esta etapa de la vida.


