La celulitis que conocemos coloquialmente a la alteración estética del tejido, no es la misma que la infección bacteriana, causada principalmente por estreptococos y estafilococos que ingresan al organismo a través de una herida, corte, raspadura o cualquier otra ruptura de la barrera cutánea. Aunque podría aparecer en cualquier parte del cuerpo, la zona más frecuente son las piernas.
Las personas con mayor riesgo de desarrollar esta infección son las personas con diabetes, problemas circulatorios, obesidad, enfermedades de la piel o sistemas inmunitarios debilitados.
Entre los síntomas más característicos figuran el enrojecimiento de la piel, la hinchazón, el dolor y la sensación de calor en la zona afectada. La piel puede adquirir un aspecto brillante y tenso, mientras que la parte comprometida, suele aumentar de tamaño en pocas horas o días. En casos más graves pueden aparecer fiebre, escalofríos, cansancio, ampollas y ganglios inflamados cercanos a la infección.
La señal de alerta más importante es la rapidez con la que se expande la lesión, un sarpullido o enrojecimiento que aumenta de tamaño de
forma acelerada requiere de evaluación inmediata, especialmente si se acompaña de fiebre o malestar general.
El médico analiza la apariencia de la lesión, extensión y los síntomas asociados. En el caso de los pacientes con defensas comprometidas o con signos de infección generalizada se solicitan análisis de sangre u otros estudios complementarios.
El tratamiento se basa principalmente en antibióticos, cuya elección depende de la gravedad del cuadro y de las características del paciente. En la mayoría de los casos, la mejoría comienza a observarse pocos días después de iniciar la medicación. Además, se recomienda reposo, elevación de la extremidad afectada y control médico para verificar la evolución de la infección.
La detección precoz es fundamental porque una celulitis no tratada puede extenderse hacia los ganglios linfáticos y el torrente sanguíneo. Esta progresión incrementa el riesgo de complicaciones severas y puede comprometer distintos órganos.
Los expertos sostienen que la prevención comienza con el cuidado adecuado de la piel. La limpieza inmediata de heridas, la hidratación para evitar grietas cutáneas, el tratamiento oportuno de infecciones como el pie de atleta y el control de enfermedades crónicas ayudan a reducir significativamente el riesgo de desarrollar esta infección bacteriana.
La celulitis puede derivar en sepsis y otras complicaciones
Aunque la mayoría de los pacientes responde favorablemente al tratamiento antibiótico, la celulitis puede provocar complicaciones potencialmente mortales cuando no es tratada a tiempo. Entre ellas se encuentran la infección generalizada de la sangre (sepsis), la infección de los huesos (osteomielitis), la inflamación de las válvulas cardíacas (endocarditis) y el compromiso de los vasos linfáticos.
Los especialistas también alertan sobre una complicación poco frecuente pero extremadamente grave que se trata de la fascitis necrotizante, una infección profunda que destruye rápidamente los tejidos. La presencia de dolor intenso, ampollas, descamación de la piel, hipotensión, confusión o una rápida progresión de la lesión constituye una señal de alarma que requiere atención de urgencia.
Personas con diabetes, obesidad, insuficiencia venosa, linfedema o infecciones micóticas persistentes en los pies pueden sufrir episodios repetidos, que con el tiempo dañan el sistema linfático y generan hinchazón crónica de las extremidades afectadas. Por ello, los médicos insisten en que el tratamiento de los factores de riesgo es tan importante como el control de la infección inicial.


