Salud

Obesidad en niños avanza a edad temprana, dejando secuelas severas

A nivel mundial, el exceso de peso en niños y adolescentes se consolida cada vez más como uno de los principales desafíos para la salud pública. La obesidad no solo aumenta el riesgo de enfermedades en ellos, sino que también provocan graves complicaciones.

| Por La Tribuna
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Cambiar el estilo de vida, acompañando la alimentación saludable y ejercicio diario ayuda a mantener el peso adecuado en niños y adolescentes.

La obesidad pediátrica es una enfermedad crónica que se caracteriza por la acumulación de grasa corporal, afectando la salud y el desarrollo de los niños y adolescentes. Actualmente, esto es considerado como una epidemia a nivel global que se produce por una combinación de factores genéticos, ambientales, sociales y conductuales.

Además del impacto que pueda causar en esta franja etaria a nivel emocional, también se suma el riesgo de padecer diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos.

El diagnóstico se realiza principalmente mediante el índice de masa corporal (IMC) ajustado según la edad y el sexo. Se considera obesidad cuando el IMC se encuentra por encima del percentil 95 para la edad.

En los últimos años, las sociedades científicas también incorporaron otras mediciones, como la circunferencia de cintura y la presencia de alteraciones metabólicas, para evaluar con mayor precisión el impacto del exceso de grasa corporal en la salud.

Varios son los factores que causarían esta enfermedad

Entre las principales causas figuran el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y productos con alta densidad calórica, sumado a una disminución de la actividad física y un aumento del tiempo frente a pantallas. También influyen factores familiares, económicos y culturales, además de algunas condiciones médicas y genéticas menos frecuentes.

Las investigaciones muestran que las comidas familiares regulares, una alimentación basada en frutas y verduras y la limitación de dispositivos electrónicos durante las comidas contribuyen a reducir el riesgo de obesidad. En contraste, el sedentarismo y los hábitos alimentarios poco saludables favorecen el aumento de peso.

Las consecuencias pueden manifestarse incluso durante la infancia. Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las alteraciones del colesterol y el hígado graso asociado a trastornos metabólicos. También pueden aparecer problemas respiratorios, como apnea del sueño y asma, además de afecciones ortopédicas derivadas de la sobrecarga sobre huesos y articulaciones en crecimiento.

A nivel emocional, la obesidad puede afectar significativamente la calidad de vida. Niños y adolescentes con exceso de peso presentan mayor riesgo de ansiedad, depresión, baja autoestima, dificultades escolares y situaciones de discriminación o acoso.

Cambios en el estilo de vida como primer paso

Los expertos coinciden en que el tratamiento debe centrarse en cambios sostenibles del estilo de vida y no en dietas restrictivas.

La estrategia más efectiva combina alimentación equilibrada, actividad física diaria y acompañamiento familiar. Las recomendaciones incluyen consumir al menos cinco porciones de frutas y verduras al día, evitar bebidas azucaradas, reducir el tiempo frente a pantallas y realizar un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa.

El diagnóstico temprano y la intervención oportuna son claves para evitar que la obesidad persista en la adultez.

Promover hábitos saludables desde los primeros años continúa siendo una de las principales estrategias para proteger la salud futura de la población infantil.

Más de 690.000 niños y adolescentes paraguayos tienen sobrepeso u obesidad

El sobrepeso y la obesidad infantil continúan en aumento en Paraguay. Según el Atlas Mundial de la Obesidad 2026, unas 289.000 niñas y niños de entre 5 y 9 años presentaban exceso de peso en 2025, mientras que la cifra asciende a 404.000 entre adolescentes de 10 a 19 años.

Las consecuencias ya se reflejan en la salud de la población infantil. El estudio estima que este año unos 58.000 niños presentan hipertensión asociada al exceso de peso, 24.000 tienen hiperglucemia, 78.000 registran niveles elevados de triglicéridos y 165.000 padecen enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD).

Para 2040, las proyecciones muestran un aumento de todos estos indicadores, con 227.000 menores afectados por enfermedad hepática vinculada a la obesidad.

Entre los factores de riesgo identificados figuran la lactancia materna insuficiente, que afecta al 49,7% de los lactantes de entre uno y cinco meses, y el consumo diario de entre 300 y 350 mililitros de bebidas azucaradas en niños de 6 a 10 años.

El Atlas también señala debilidades en las políticas públicas destinadas a prevenir la obesidad infantil. Paraguay no reporta programas específicos de actividad física en entornos de cuidado infantil ni medidas para reducir la exposición de los niños a la publicidad de alimentos, aunque sí cuenta con directrices nacionales de actividad física para la población de 5 a 19 años.

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