Los especialistas explican que los bebés y niños pequeños suelen tener los pies planos porque el arco aún no se ha formado completamente. Este proceso se desarrolla de manera progresiva y, en muchos casos, el arco se define recién entre los 7 y 10 años. Por esta razón, la presencia de pie plano en los primeros años de vida generalmente no requiere tratamiento ni limita las actividades físicas.
Existen dos tipos principales de pie plano: el flexible y el rígido. El flexible es el más común y se caracteriza porque el arco aparece cuando el pie no soporta peso, pero desaparece al ponerse de pie. En la mayoría de los casos no causa molestias. El pie plano rígido, en cambio, es menos frecuente, puede generar dolor y suele requerir una evaluación especializada para determinar su causa.
En los adultos, el pie plano puede aparecer con el paso de los años debido al desgaste de tendones y ligamentos que sostienen el arco del pie. También puede estar relacionado con obesidad, diabetes, lesiones, artritis o determinadas enfermedades del tejido conectivo. Cuando el arco colapsa progresivamente, pueden surgir molestias en los pies, tobillos e incluso en las rodillas, caderas y espalda.
Muchas personas con pie plano nunca presentan síntomas y descubren la condición durante una consulta médica de rutina. Sin embargo, cuando existe dolor, cansancio al caminar, inflamación en la parte interna del tobillo o dificultades para realizar actividades cotidianas, es importante consultar con un especialista.
El diagnóstico se basa principalmente en la evaluación clínica. El médico observa la forma del pie, la marcha y la presencia o ausencia del arco al estar de pie y sentado. En algunos casos pueden solicitarse estudios por imágenes para descartar otras afecciones o determinar el grado de la deformidad.
El tratamiento depende de la presencia de síntomas. Si no existe dolor, generalmente no se requiere ninguna intervención. Cuando aparecen molestias, las medidas iniciales incluyen el uso de plantillas ortopédicas, ejercicios de estiramiento y fortalecimiento muscular, además del control del peso corporal cuando sea necesario. La cirugía se reserva para situaciones específicas en las que el dolor persiste o la deformidad progresa a pesar del tratamiento conservador.
Los especialistas coinciden en que el pie plano no siempre es una enfermedad. La clave está en identificar los casos que generan dolor o afectan la calidad de vida para ofrecer un tratamiento oportuno y evitar complicaciones futuras.
Afección en niños y adultos
En los niños, el pie plano suele ser una condición normal del crecimiento. El arco del pie puede tardar varios años en desarrollarse y, en la mayoría de los casos, no provoca dolor ni dificultades para caminar. Por ello, los especialistas señalan que los zapatos especiales o plantillas no son necesarios cuando el niño no presenta síntomas. Solo se recomienda evaluación médica si existe dolor, rigidez o problemas para realizar actividades cotidianas.
En los adultos, el pie plano puede aparecer por desgaste de los tendones y ligamentos, sobrepeso, lesiones o enfermedades como diabetes y artritis. Cuando produce dolor, las primeras medidas incluyen el uso de calzado con buen soporte, plantillas ortopédicas, ejercicios de estiramiento y control del peso. La cirugía queda reservada para los casos más severos o cuando el tratamiento conservador no logra aliviar los síntomas.


