La faringitis aguda es una inflamación de la faringe que provoca principalmente dolor al tragar, irritación de garganta y, en algunos casos, fiebre. Aunque muchas personas recurren a antibióticos apenas aparecen estos síntomas, la evidencia científica demuestra que la mayoría de los episodios son causados por virus respiratorios y se resuelven espontáneamente en aproximadamente una semana.
Los especialistas explican que el principal desafío consiste en distinguir una infección viral de una bacteriana. En los adultos, el Streptococcus pyogenes, también conocido como estreptococo del grupo A, es responsable de solo entre el 5% y el 15% de los casos. El resto corresponde principalmente a virus como rinovirus, adenovirus, influenza, coronavirus y otros agentes respiratorios.
Los cuadros virales suelen presentarse junto con tos, congestión nasal, secreción nasal, ronquera o conjuntivitis. En cambio, una infección bacteriana generalmente se caracteriza por la aparición brusca de fiebre elevada, intenso dolor al tragar, inflamación de las amígdalas, ganglios dolorosos en el cuello y ausencia de tos.
Para orientar el diagnóstico, los médicos combinan la evaluación clínica con otras herramientas, que permiten estimar la probabilidad de una infección estreptocócica. Cuando la sospecha es moderada o alta, pueden solicitar una prueba rápida de detección de antígenos o un cultivo faríngeo antes de indicar un antibiótico.
Las guías clínicas internacionales coinciden en que estos medicamentos no deben utilizarse de forma rutinaria en todos los pacientes con dolor de garganta. Los antibióticos actúan únicamente contra las bacterias y no ofrecen beneficios frente a infecciones virales, como las provocadas por los virus del resfriado, la influenza o el covid-19.
El uso innecesario de antibióticos, además de no acelerar la recuperación, favorece la aparición de bacterias resistentes, aumenta el riesgo de reacciones adversas y expone al paciente a tratamientos innecesarios.
Cuando se confirma una faringitis causada por estreptococo del grupo A, la penicilina y la amoxicilina continúan siendo los tratamientos de primera elección debido a que esta bacteria mantiene una elevada sensibilidad a ambos medicamentos. En personas con alergia a la penicilina, el profesional de salud determinará la alternativa más apropiada.
Mientras tanto, el manejo de la mayoría de las faringitis se basa en aliviar los síntomas. Se recomienda mantener una buena hidratación, guardar reposo mientras exista fiebre, evitar el humo del tabaco y otros irritantes, realizar gárgaras con agua tibia y sal, y utilizar analgésicos o antiinflamatorios únicamente bajo indicación médica.
Los especialistas aconsejan consultar de inmediato si el dolor de garganta persiste más de una semana, aparece dificultad importante para respirar o tragar, existe inflamación marcada del cuello, fiebre alta que no cede con las medidas habituales o dolor intenso localizado de un solo lado de la garganta, ya que estos signos pueden indicar complicaciones que requieren atención médica.


