La diabetes es una enfermedad crónica que se produce cuando los niveles de glucosa en sangre permanecen elevados porque el organismo no produce suficiente insulina o no la utiliza de manera adecuada. Aunque puede permanecer asintomática durante años, el diagnóstico precoz permite iniciar un tratamiento oportuno y reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares, renales, neurológicas y oculares.
La médica especialista en geriatría y diabetología, Paola Palacios, explicó para la Tribu 650 AM que la enfermedad tiene un importante componente relacionado con el estilo de vida. Si bien existe una predisposición genética, la mayoría de los casos corresponde a la diabetes tipo 2, asociada al sedentarismo, la alimentación poco saludable y el exceso de peso.
Tipos de diabetes y tratamientos adecuados para cada uno
La diabetes tipo 1 es de origen autoinmune y suele manifestarse en la infancia o adolescencia, por lo que requiere tratamiento con insulina desde etapas tempranas. La diabetes tipo 2 es la más frecuente y aparece cuando el organismo pierde la capacidad de utilizar correctamente la insulina. También está la prediabetes, una etapa previa en la que los niveles de glucosa ya son superiores a los normales, aunque todavía no alcanzan los criterios diagnósticos de diabetes.
Uno de los mayores desafíos es que muchas personas desconocen que padecen la enfermedad hasta que aparecen complicaciones. Entre los síntomas más frecuentes figuran la necesidad de orinar repetidamente, especialmente durante la noche, sed intensa, aumento constante del apetito, pérdida de peso sin causa aparente, cansancio persistente, visión borrosa y heridas que tardan en cicatrizar.
A estos signos también pueden sumarse infecciones recurrentes en la piel, las encías, las vías urinarias o, en las mujeres, infecciones vaginales de repetición. La presencia de uno o varios de estos síntomas debe motivar una consulta médica para confirmar o descartar el diagnóstico mediante estudios laboratoriales.
La diabetes sin control puede ocasionar lesiones progresivas en los vasos sanguíneos y los nervios, advirtió en el programa “Más temprano que tarde”. Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran el infarto, el accidente cerebrovascular, la insuficiencia renal, la retinopatía diabética, que puede conducir a la pérdida de la visión, y la neuropatía, responsable de la disminución de la sensibilidad en los pies.
Esta pérdida de sensibilidad favorece la aparición del denominado pie diabético, una de las complicaciones más graves de la enfermedad. Pequeñas heridas o cortes pueden pasar inadvertidos, infectarse y, en casos avanzados, derivar en amputaciones si no reciben tratamiento oportuno.
La especialista insistió en que la diabetes puede controlarse eficazmente cuando el paciente combina el tratamiento indicado con cambios sostenidos en el estilo de vida. Una alimentación equilibrada, actividad física regular, hidratación adecuada y seguimiento médico permiten que muchas personas mantengan una buena calidad de vida durante décadas y reduzcan significativamente el riesgo de complicaciones.
Controles periódicos a partir de los 35 años
El diagnóstico de la diabetes puede realizarse mediante estudios de sangre sencillos y de bajo costo, como la glucemia en ayunas y la hemoglobina glicosilada, que permiten conocer los niveles de azúcar en sangre y su comportamiento en los últimos meses. Según explicó la especialista, las personas con antecedentes familiares de diabetes deberían realizar controles periódicos, especialmente a partir de los 35 años, mientras que quienes no presentan factores de riesgo también pueden beneficiarse de chequeos preventivos de rutina.
Una vez confirmado el diagnóstico, el seguimiento no se limita al control de la glucosa. Los pacientes requieren evaluaciones periódicas del corazón, los riñones, la vista y la circulación de los miembros inferiores para detectar precozmente posibles complicaciones. La médica destacó además que actualmente existen múltiples opciones terapéuticas, incluidos nuevos medicamentos que facilitan el control de la enfermedad, aunque subrayó que ningún tratamiento reemplaza la importancia de una alimentación saludable, la actividad física y el cumplimiento de las indicaciones médicas.


