Las quemaduras son lesiones que afectan la piel y, en los casos más graves, también los tejidos más profundos del cuerpo. Pueden producirse por contacto con fuentes de calor, sustancias químicas, electricidad, radiación, el sol o incluso por la inhalación de humo y gases tóxicos. Aunque muchas son leves y pueden tratarse en el hogar, otras constituyen una emergencia médica por el riesgo de infecciones, pérdida de líquidos, shock o compromiso de órganos vitales.
Los especialistas clasifican las quemaduras según la profundidad del daño. Las de primer grado afectan únicamente la capa más superficial de la piel y suelen provocar enrojecimiento, dolor e inflamación leve. Las de segundo grado comprometen capas más profundas, generan ampollas, dolor intenso y pérdida de líquidos. Las de tercer grado destruyen todo el espesor de la piel e incluso pueden alcanzar tejido adiposo, músculos o huesos. En estos casos, la atención médica inmediata es indispensable.
La gravedad de una quemadura no depende únicamente de su profundidad. También influye la extensión de la superficie corporal afectada, la zona lesionada y el estado general de salud de la persona. Por ejemplo, una quemadura en la cara, las manos, los pies, los genitales o sobre una articulación requiere una evaluación médica, aunque no sea muy extensa, debido al riesgo de secuelas funcionales.
Las quemaduras provocadas por electricidad, productos químicos o inhalación de humo también deben ser atendidas de forma urgente, ya que pueden ocasionar lesiones internas que no siempre son visibles al momento del accidente.
Primeros auxilios adecuados ayudan a limitar el daño
La recomendación es retirar cuidadosamente la ropa o los objetos que retengan calor, enfriar la zona con agua corriente fresca durante varios minutos y limpiar la lesión con agua y jabón suave. No se debe aplicar hielo directamente, ya que puede agravar la lesión, ni romper las ampollas, porque aumenta el riesgo de infección, siempre en caso que la quemadura sea leve.
Los expertos también desaconsejan el uso de remedios caseros como mantequilla, aceites, pasta dental o clara de huevo sobre la piel quemada. Si es necesario, puede colocarse una fina capa de vaselina o aloe vera y cubrir la zona con una gasa estéril que no se adhiera a la herida.
Es importante buscar atención médica si la quemadura supera unos siete centímetros de diámetro, presenta piel seca, endurecida o de color blanco, marrón o negro, aumenta el dolor, aparece pus, fiebre o signos de infección. También se recomienda acudir a un centro asistencial cuando la lesión afecta a niños pequeños, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas que puedan dificultar la recuperación.
La prevención sigue siendo la medida más efectiva
Evitar dejar alimentos al fuego sin supervisión, mantener líquidos calientes fuera del alcance de los niños, manipular con cuidado productos químicos, utilizar protección solar y revisar las instalaciones eléctricas son acciones que reducen considerablemente el riesgo de sufrir este tipo de accidentes.


