Durante años, el principal objetivo de los tratamientos contra la obesidad fue lograr que las personas bajaran la mayor cantidad de kilos posible. Sin embargo, especialistas en nutrición y metabolismo advierten que el enfoque comenzó a cambiar: hoy el desafío no es solamente adelgazar, sino hacerlo sin comprometer la masa muscular.
La preocupación crece en paralelo al aumento de los casos de sobrepeso y obesidad en Paraguay. De acuerdo con datos de la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2022), más del 69% de los adultos paraguayos tiene exceso de peso, mientras que el sedentarismo continúa siendo uno de los hábitos más frecuentes en la población.
En los últimos años, medicamentos utilizados para tratar la obesidad, especialmente los análogos del GLP-1, generaron un fuerte impacto en el ámbito médico debido a los resultados obtenidos. Estas terapias permiten pérdidas de peso importantes y ayudan además a controlar enfermedades asociadas como la diabetes tipo 2 y los problemas cardiovasculares. No obstante, especialistas señalan que muchos pacientes desconocen que parte del peso perdido puede no ser grasa, sino músculo.
El músculo, una pieza clave para la salud
La masa muscular cumple funciones mucho más amplias que las relacionadas con la fuerza física o la apariencia corporal. El músculo participa activamente en el metabolismo y ayuda al organismo a utilizar mejor la glucosa, regular la energía y mantener el equilibrio del cuerpo.
Cuando la pérdida de peso ocurre demasiado rápido o sin acompañamiento profesional, el organismo puede comenzar a utilizar tejido muscular como fuente de energía. Esto puede derivar en fatiga, debilidad física y disminución de la capacidad funcional.
Además, perder músculo tiene otra consecuencia importante: el metabolismo se vuelve más lento. En términos prácticos, el cuerpo empieza a gastar menos calorías en reposo, lo que favorece la recuperación del peso perdido meses después. Por ese motivo, especialistas remarcan que una reducción marcada en la balanza no siempre significa una mejora completa de la salud.
¿Por qué el ejercicio es fundamental?
Uno de los cambios más importantes en el abordaje de la obesidad es la incorporación del entrenamiento de fuerza como parte esencial del tratamiento. Durante mucho tiempo, las rutinas para adelgazar estuvieron centradas casi exclusivamente en ejercicios aeróbicos como caminatas, bicicleta o trote. Aunque estas actividades continúan siendo beneficiosas para el sistema cardiovascular, los expertos sostienen que no son suficientes para proteger la masa muscular.
Actualmente, la recomendación apunta a combinar actividad aeróbica con ejercicios de resistencia, como pesas, bandas elásticas o rutinas utilizando el propio peso corporal. El objetivo no necesariamente es desarrollar grandes músculos, sino conservar la fuerza y la funcionalidad del cuerpo durante el descenso de peso.
Profesionales del área fitness explican que incluso entrenamientos moderados, realizados dos o tres veces por semana, pueden ayudar a preservar músculo y mejorar la composición corporal.
Dietas extremas y riesgos silenciosos
Otro de los problemas frecuentes son las dietas muy restrictivas, populares en redes sociales y promovidas muchas veces sin supervisión médica. Reducir calorías de forma drástica puede provocar una rápida baja de peso, pero también aumenta el riesgo de deficiencias nutricionales y pérdida muscular.
Los especialistas recomiendan evitar planes alimentarios que eliminan grupos completos de alimentos o prometen resultados inmediatos. En cambio, sugieren priorizar una alimentación equilibrada que incluya proteínas, verduras, frutas, cereales integrales y grasas saludables.
La proteína tiene un rol especialmente importante durante el adelgazamiento, ya que contribuye al mantenimiento del tejido muscular. Carnes magras, huevos, pescado, leche, yogur, legumbres y frutos secos forman parte de las opciones recomendadas. También destacan la importancia del descanso y la hidratación. Dormir pocas horas o mantener niveles elevados de estrés puede alterar hormonas vinculadas al apetito y dificultar el control del peso corporal.
Más allá de la estética
La obesidad continúa siendo una de las enfermedades crónicas con mayor crecimiento en el mundo y está asociada a hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardiovasculares y problemas articulares. En Paraguay, médicos advierten que el aumento del sedentarismo y el consumo de alimentos ultraprocesados favorecen el avance de estas patologías, incluso en personas jóvenes.
Por ello, cada vez más profesionales insisten en abandonar la idea de las “soluciones rápidas” y entender que el tratamiento de la obesidad requiere cambios sostenidos en el tiempo. El nuevo enfoque apunta a mejorar la composición corporal, reducir la grasa acumulada y mantener el músculo como un factor protector de la salud. La meta ya no es solamente bajar de peso, sino lograr un organismo más fuerte, activo y capaz de sostener los resultados a largo plazo.


