El invierno no solo altera el clima, sino también el funcionamiento interno del cuerpo humano. Según advierte el doctor Eduardo Caballero, jefe de Cardiología del Hospital Central del IPS, las estadísticas globales revelan un dato alarmante: durante la temporada de frío los eventos cardiovasculares, como los infartos o los accidentes cerebrovasculares (ACV), aumentan en un 20%. Este incremento afecta tanto a personas con patologías previas como a aquellas que desconocen su condición médica.
El origen de este fenómeno radica en un mecanismo natural de adaptación. Ante el frío intenso, el organismo necesita retener calor y recurre a la vasoconstricción, un proceso en el cual las arterias se achican. Como consecuencia directa, la presión arterial sube y el corazón se ve obligado a realizar un mayor esfuerzo físico, latiendo más rápido. Para un individuo que presenta lesiones coronarias o acumulación de placas de grasa en las arterias, esta sobrecarga puede provocar la rotura de dicha placa, desencadenando un cuadro grave.
El impacto clínico se observa con claridad en los pacientes hipertensos. Muchos de ellos, aun estando bien controlados con medicación en verano, sufren alteraciones y picos de presión al llegar el invierno, requiriendo un ajuste en sus dosis. Asimismo, personas que habitualmente manejan valores limítrofes debutan formalmente como hipertensas en esta época. Si bien los extremos de la vida (niños y adultos mayores) son los más vulnerables debido a la pérdida de la regulación térmica natural, los jóvenes con factores de riesgo como obesidad, diabetes, tabaquismo o sedentarismo corren idéntico peligro.
Frente a este escenario, la prevención se vuelve la herramienta fundamental. Los especialistas insisten en la necesidad de realizar un chequeo médico clínico o cardiológico de forma anual para detectar anomalías antes de que ocurran los síntomas. La hipertensión es catalogada como un enemigo silencioso que, de no controlarse, puede derivar en consecuencias crónicas invalidantes como la insuficiencia cardíaca o parálisis corporales derivadas de un ACV.
Pautas esenciales de cuidado diario
Evitar golpes de frío: salir de la vivienda con el abrigo adecuado para que el cuerpo no sufra un estreñimiento térmico repentino.
Modificar el horario de ejercicio: a diferencia del verano, la actividad física al aire libre debe realizarse a media mañana o antes de que anochezca, evitando los momentos de frío extremo. Se aconseja acumular 150 minutos semanales de ejercicio.
Combatir el sedentarismo laboral: quienes trabajan sentados por muchas horas deben realizar movimientos de activación pasiva en los descansos, como mover las piernas y los brazos.
Mantener la hidratación: en invierno el cuerpo consume mucho líquido para producir calor. La deshidratación eleva la presión arterial y el riesgo de infarto, por lo que tomar agua sigue siendo vital.
Cuidar la alimentación: evitar comidas copiosas y con exceso de grasas. Una digestión pesada desvía gran flujo de sangre al sistema digestivo, restándole oxígeno al corazón. Se debe optar por cenas sanas y carnes magras con verduras.
Eliminar el tabaco y los vapeadores: la nicotina obstruye las arterias y multiplica las chances de un ataque cardíaco de forma directa.


