La hipertensión arterial dejó de ser una enfermedad asociada exclusivamente a adultos mayores. Hoy, cada vez más personas menores de 40 años reciben diagnósticos relacionados con presión arterial elevada e incluso llegan a consulta médica cuando ya presentan complicaciones cardiovasculares importantes.
En conversación con La Tribuna, Lorena Gabriaguez, cardióloga del Instituto Nacional de Cardiología Hospital San Jorge, explicó que el estilo de vida actual está teniendo un impacto directo en el aumento sostenido de casos.
“Los hábitos cotidianos que más influyen en el desarrollo de hipertensión arterial son el sedentarismo, la mala alimentación, el exceso de sal, alimentos ultraprocesados, el estrés y la mala calidad del sueño”, sostuvo.
La especialista señaló que el mayor desafío es derribar la falsa creencia de que la hipertensión solo afecta a personas de edad avanzada. “Es importante romper con ese mito. La hipertensión no tiene edad y, al ser muchas veces asintomática, puede pasar desapercibida durante años hasta provocar complicaciones cardiovasculares, renales o neurológicas”, afirmó.
Según datos, más del 38% de la población adulta paraguaya padece hipertensión arterial, siendo más frecuente en hombres.
Principales causas
Entre las principales causas mencionó el sobrepeso, el tabaquismo, la falta de actividad física y el estrés constante. A eso se suma la predisposición genética que muchas personas desconocen hasta que aparecen los primeros síntomas o complicaciones.
Para Gabriaguez, la vida acelerada también tiene consecuencias directas sobre la salud cardiovascular. “Definitivamente el estrés sostenido puede elevar la presión arterial y favorecer hábitos poco saludables, aumentando el riesgo cardiovascular”, indicó.
Otro punto preocupante es la naturalización de hábitos dañinos, especialmente en jóvenes. El consumo excesivo de comidas rápidas, productos ultraprocesados y bebidas con altos niveles de sodio, sumado a largas jornadas sedentarias frente a pantallas, generan un escenario propicio para el desarrollo de enfermedades crónicas.
“Favorecen un estado de inflamación crónica y alteraciones metabólicas que contribuyen al desarrollo y aumento de la hipertensión arterial”, dijo.
Insistió en que la prevención debe comenzar desde edades tempranas y en el entorno familiar. “Me preocupa que actualmente estamos viendo pacientes cada vez más jóvenes debutando con complicaciones cardiovasculares que antes aparecían a edades más avanzadas”, lamentó la especialista.
El enemigo silencioso
Muchas veces no presenta síntomas, pero existen señales que no deben ignorarse. Dolores de cabeza frecuentes, mareos, palpitaciones y visión borrosa pueden ser manifestaciones de presión arterial elevada. Sin embargo, insistió en que muchas personas no sienten absolutamente nada durante años.
“Por eso se recomienda el control periódico de la presión arterial, idealmente en un ambiente tranquilo”, expresó la profesional.
La falta de diagnóstico y tratamiento oportuno puede desencadenar consecuencias graves. “La hipertensión arterial no controlada aumenta significativamente el riesgo de accidentes cerebrovasculares (ACV), insuficiencia cardíaca, arritmias, insuficiencia renal y complicaciones oculares”, alertó. En muchos casos, estas afecciones son detectadas recién en etapas avanzadas.
Finalmente, dejó un mensaje para quienes consideran que aún son muy jóvenes para preocuparse por su salud cardiovascular. “La hipertensión puede aparecer a cualquier edad. No es necesario cambiar todo de la noche a la mañana, sino hacerlo sostenible en el tiempo”, concluyó.


