La fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica (SFC) continúan siendo un desafío para la salud pública en Paraguay. Se estima que alrededor de 340.000 personas padecen estas afecciones crónicas que impactan severamente en la calidad de vida. Se recordó días pasados la importancia de visibilizar estas patologías consideradas muchas veces como invisibles, debido a que sus síntomas no siempre son evidentes a simple vista.
Según datos del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS), la fibromialgia afecta a más del 3% de la población nacional, y entre el 80% y 90% de los casos corresponden a mujeres. Esta enfermedad es hoy una de las principales causas de consulta en reumatología, aunque el subdiagnóstico sigue siendo una barrera crítica.
Un diagnóstico complejo
La fibromialgia se caracteriza por un dolor musculoesquelético generalizado, fatiga persistente y problemas cognitivos conocidos como niebla mental. Por otro lado, el síndrome de fatiga crónica presenta un agotamiento extremo que no mejora con el descanso. Es frecuente que ambas condiciones se solapen, afectando la funcionalidad diaria del paciente.
El diagnóstico representa un reto, ya que no existe un estudio laboratorial específico que confirme la enfermedad; se llega a ella mediante la evaluación clínica y la exclusión de otras patologías. Esta situación provoca que muchos pacientes tarden años en recibir un tratamiento adecuado, confundiendo sus síntomas con estrés o depresión.
El reclamo de los pacientes
Desde el Instituto de Previsión Social (IPS) y la Asociación de Fibromialgia Paraguay subrayan la necesidad de un manejo integral que incluya reumatología, psicología, fisioterapia y nutrición. Las organizaciones civiles han solicitado formalmente al Ministerio de Salud la creación de centros especializados, especialmente en zonas de alta densidad como Alto Paraná, para evitar los largos traslados que deben realizar los pacientes para recibir atención.
Síntomas y cuidados
Los signos más frecuentes incluyen dolor articular, rigidez corporal, trastornos del sueño y sensibilidad extrema al clima o al ruido. La intensidad de estas manifestaciones suele agravarse ante situaciones de estrés o sobrecarga física.
Para mejorar la convivencia con la enfermedad, especialistas recomiendan mantener rutinas de sueño regulares, realizar actividad física moderada y supervisada, y buscar apoyo psicológico. Aunque no existe una cura definitiva, un tratamiento oportuno enfocado en aliviar el dolor puede devolver al paciente gran parte de su autonomía.


