Mantenerse activo es mucho más que una cuestión estética; es una herramienta fundamental para prevenir enfermedades crónicas y potenciar el bienestar integral. En este sentido, el doctor Koyi Sato, integrante del Centro de Medicina Física y Rehabilitación (CESI) del IPS, brindó recomendaciones clave para iniciar o sostener la práctica deportiva de manera segura y efectiva.
El chequeo médico: el punto de partida
“El primer paso para quienes no realizan actividad física y desean comenzar es hacerse un chequeo médico general completo”, señaló el especialista. El Dr. Sato remarcó la necesidad de evaluar niveles de colesterol, triglicéridos, glucemia, presión arterial y ritmo cardíaco. Además, enfatizó la realización de electrocardiogramas y consultas con especialistas en clínica médica y cardiología.
“El control de la función cardiovascular es fundamental en todas las edades, pero especialmente en adultos mayores o personas con condiciones preexistentes como hipertensión o diabetes”, explicó.
Progresión y técnica
El inicio de cualquier rutina debe ser gradual. Según el doctor, el acompañamiento de profesionales capacitados es vital para evitar lesiones por mala praxis. En deportes específicos como el ciclismo, los detalles técnicos son cruciales: “El tamaño de la bicicleta y la altura del sillín deben ser acordes a la estatura. También se deben considerar lesiones previas, como el síndrome del túnel carpiano, que requiere adaptar los agarres”, añadió.
Para quienes ya entrenan, pero omitieron los controles iniciales, el consejo es claro: “Es fundamental volver al punto cero, hacerse un chequeo y definir objetivos claros, ya sean recreativos o deportivos”.
Desde el enfoque de la fisiatría, Sato subrayó que ante una lesión es imperativo detenerse. El respeto por los tiempos de recuperación es lo que diferencia una molestia pasajera de una lesión crónica. Asimismo, hizo un llamado a la inclusión: “Existen espacios como la Secretaría Nacional de Deportes donde se promueven los deportes adaptados, fomentando que la discapacidad no sea una barrera para el bienestar”.
Beneficios metabólicos y óseos
La actividad física mejora la sensibilidad a la insulina, reduce el riesgo de diabetes y favorece la pérdida de peso mediante ejercicios de fuerza y resistencia. A nivel óseo, el impacto es igualmente positivo: combate la osteopenia y la osteoporosis, mejora la calidad mineral de los huesos y corrige la postura.
Incluso en cuadros de artrosis, el movimiento es medicina. “La movilidad es clave para evitar el avance de la enfermedad; el sedentarismo solo acelera el deterioro articular”, advirtió el médico.
Finalmente, Sato resaltó el impacto en la tercera edad, donde el ejercicio mejora el estado de ánimo, la independencia y la funcionalidad diaria. “La actividad física no tiene edad; es importante en todas las etapas de la vida”, concluyó.
A tener en cuenta
1- Evaluación médica inicial. Es indispensable realizar un chequeo general y cardiovascular completo antes de comenzar para garantizar una práctica segura, especialmente en adultos mayores o personas con patologías.
2- Progresión y técnica supervisada. El ejercicio debe ser gradual y guiado por profesionales para evitar lesiones, adaptando el equipo técnico a las condiciones físicas y respetando siempre los tiempos de recuperación.
3- Beneficios para la salud. La actividad física fortalece los huesos, mejora el sistema metabólico y previene el deterioro articular, favoreciendo la independencia y el bienestar en todas las etapas de la vida.


