Endometriosis: por qué el dolor menstrual no debe normalizarse

La endometriosis impacta en la calidad de vida y en la fertilidad de una de cada diez mujeres. Especialistas advierten que normalizar el dolor menstrual demora el acceso a tratamientos clave. Los avances médicos actuales permiten un manejo temprano para controlar síntomas y planificar la salud reproductiva.

- Además del dolor físico, la enfermedad tiene un peso significativo en la salud reproductiva.

La endometriosis es una enfermedad crónica que ocurre cuando tejido similar al endometrio crece fuera del útero, generando inflamación, dolor pélvico y, en muchos casos, dificultades para lograr un embarazo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta aproximadamente al 10% de las mujeres en edad reproductiva en el mundo.

A pesar de su alta prevalencia, el diagnóstico suele demorarse entre 4 y 12 años. Gran parte de este retraso se debe a que, durante décadas, el dolor menstrual intenso fue socialmente normalizado. “El dolor menstrual incapacitante no debería considerarse algo normal. Cuando obliga a faltar al trabajo, a la escuela o limita la vida cotidiana, es importante consultar, ya que podría tratarse de endometriosis”, explica Gustavo Manavella, especialista en reproducción humana asistida.

Impacto en la fertilidad

Además del dolor físico, la enfermedad tiene un peso significativo en la salud reproductiva. Se estima que entre el 30% y el 50% de las personas que consultan por infertilidad presentan esta condición.

Aunque la enfermedad no siempre impide el embarazo, puede afectar los ovarios, las trompas o el entorno pélvico. Por ello, el diagnóstico temprano es fundamental para evaluar tratamientos y mejorar las probabilidades de concebir.

Tratamientos y calidad de vida

En los últimos años, los avances en diagnóstico por imágenes y evaluación clínica han optimizado el abordaje de la enfermedad. Si bien actualmente no existe una cura definitiva, el manejo temprano permite controlar los síntomas y reducir el dolor crónico, prevenir complicaciones a largo plazo, así como planificar la salud reproductiva de forma personalizada.

Informar y reconocer los síntomas a tiempo es la clave para reducir el diagnóstico tardío y transformar la calidad de vida de quienes conviven con esta patología.

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