Salud

Agua, dieta y ejercicio: el plan ideal para proteger los riñones

El daño en los riñones por exceso de azúcar y presión alta es prevenible mediante hábitos saludables. El control del peso, la hidratación adecuada y la nutrición de calidad son las claves para evitar complicaciones graves.

| Por La Tribuna
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La prevención, los controles médicos y otras pequeñas acciones cotidianas siguen siendo la herramienta más poderosa contra las enfermedades renales.

Los riñones son órganos vitales encargados de filtrar la sangre, eliminar desechos y regular el equilibrio de líquidos y minerales en el organismo. Sin embargo, su funcionamiento se ve seriamente comprometido ante la presencia de diabetes e hipertensión arterial. Según explica Claudia Ayala, especialista en Salud Pública y Nutrición, el exceso de azúcar en la sangre daña las paredes de los vasos sanguíneos, mientras que la presión alta obliga a estos órganos a sobreesforzarse, provocando un deterioro progresivo con el tiempo.

El exceso de peso aparece como otro factor crítico de riesgo. La obesidad genera una inflamación crónica que daña los tejidos renales y reduce su capacidad operativa. Esta condición no solo afecta directamente al riñón, sino que desencadena resistencia a la insulina, abriendo la puerta a la diabetes tipo 2 y al aumento de la presión arterial, creando un círculo vicioso que pone en peligro la vida del paciente.

Existen señales de alarma que el cuerpo emite cuando los riñones sufren, tales como orina espumosa, dolor en la espalda baja o hinchazón en las extremidades. La fatiga, la pérdida de apetito y un persistente sabor metálico en la boca también son indicadores de que la función renal está disminuida. Ante estos síntomas, la intervención nutricional y médica es fundamental para frenar el avance del daño.

Para contrarrestar estos riesgos, Ayala recomienda una alimentación basada en productos naturales. El consumo de frutas como guayaba y cítricos, verduras de hoja verde como espinaca y proteínas de alto valor biológico como el pescado y el pollo forman la base de una dieta protectora. Asimismo, es vital reemplazar los aceites refinados y azúcares procesados por grasas de origen animal o aceite de coco, acompañados de granos integrales y lácteos naturales.

La prevención se completa con un estilo de vida activo y consciente. Se sugiere realizar ejercicio moderado al menos cuatro veces por semana y asegurar una hidratación de entre 2 y 3 litros diarios de agua, dependiendo del peso corporal. El descanso también juega un rol preventivo: dormir al menos 8 horas y evitar la luz azul de los celulares antes de acostarse permite que el cuerpo se recupere del estrés metabólico diario.

Finalmente, la profesional insta a la población a priorizar la calidad de los alimentos sobre la cantidad. La clave para mantener los riñones sanos reside en la educación alimentaria y la consulta oportuna con especialistas que guíen un cambio de hábitos personalizado. La prevención, mediante pequeñas acciones cotidianas, sigue siendo la herramienta más poderosa contra las enfermedades renales crónicas.

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