El argumento es la dependencia de las importaciones de combustibles derivados del petróleo, cuyos precios pueden verse afectados por acontecimientos geopolíticos internacionales.
El ahorro para las familias es uno de los ejes del plan, ya que según el estudio, permitiría ahorrar hasta casi G. 830.000 anuales a los hogares con tarifa normal de la Ande. Para los usuarios de la tarifa social, el beneficio podría alcanzar G. 1.223.371 al año, cifra que puede incrementarse según el modo de uso y el costo de las garrafas.
Actualmente, alrededor del 49% de las familias usa la cocina tradicional a gas, mientras que el 23% consume leña, principalmente en zonas no urbanas. El resto utiliza cocinas eléctricas, sobre todo en edificios.
Uno de los desafíos es facilitar la adquisición de los equipos, que hoy cuestan más que los de GLP. Para eso se prevén créditos blandos, mecanismos de financiación y la posibilidad de incorporar las cuotas a la factura de electricidad.
La transición contempla cuatro etapas y una duración de aproximadamente 46 meses. La primera se concentrará en hogares de ingresos medios y altos de Gran Asunción y Central; la segunda se ampliará a todos los niveles económicos de esa zona; la tercera abarcará Alto Paraná, Itapúa y Caaguazú; y la cuarta llegará al resto del territorio nacional.
El viceministro sostuvo que la adopción de las cocinas eléctricas debe ir acompañada de mejoras en la calidad del servicio. “Categóricamente tenemos que mejorar la distribución, mejorar la calidad de la energía como para que no haya interrupciones, que la gente pueda cocinar y sentirse segura de que va a tener la provisión de esta energía”, explicó.
La estrategia se desarrolla en conjunto con Japón e incluye campañas de eficiencia energética, capacitaciones e incentivos para facilitar el cambio, además de mejoras en las normas técnicas y la red eléctrica. Cuenta con apoyo técnico y financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).


