El clima no deja de sorprender. Aunque la atmósfera cumple los pronósticos de un fenómeno El Niño fuerte, las lluvias se reparten de forma dispar. Según Diego H. Stalder Díaz, científico y Vicedecano de la FIUNA, la cuenca del Iguazú recibió precipitaciones inusuales que dispararon al río Paraná, mientras que el Pantanal no logró captar agua suficiente para recargar al río Paraguay con la misma fuerza.
Hoy la diferencia es drástica. El Paraná sufre una crecida activa: la represa de Yacyretá maneja hasta 28.000 m³/s, afectando a cientos de familias en Ciudad del Este y amenazando a Ayolas. En contraste, el río Paraguay se recupera velozmente de una bajante severa, subiendo de 0,43 metros a 2,80 metros durante octubre. Este repunte alivia la navegación comercial, pero pone en riesgo a unas 3.000 familias del Bañado Sur.
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“El Paraguay es lento y el Paraná es rápido, eso cambia todo el esquema de gestión”, advierte Stalder. Mientras el Paraná activa protocolos de evacuación rozando los 121 metros en el Puente de la Amistad, el Paraguay arrastra los daños de su mínimo histórico de -1,61 m en 2024. Esta dinámica confirma que la variabilidad climática actual impacta sobre una línea de base sumamente frágil.
Tecnología local frente al “daño invisible” urbano
Frente a la nueva normalidad, asumir que los promedios históricos siguen vigentes es un error. Por ello, investigadores de FIUNA y FP-UNA, con colaboración del INPE de Brasil, desarrollaron modelos de aprendizaje profundo. Para el río Paraguay, estas herramientas logran pronósticos a 28 días con un error de apenas 60 centímetros, brindando información predictiva fundamental para la logística y prevención.
Sin embargo, el verdadero peligro radica en el “daño invisible”. Alternar sequías extremas con inundaciones repentinas sin pausa degrada humedales y altera cauces. En cuencas urbanas fuertemente impermeabilizadas, como el arroyo Lambaré o el Mburicaó, esto se traduce en desbordes violentos. Según el experto, llamar “anomalía” a cada evento extremo nos exime de planificar a largo plazo.
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Como respuesta, los científicos impulsan el proyecto ARASY y sistemas de monitoreo avanzados. Han implementado modelos de alerta temprana que logran anticipar crecidas urbanas críticas con 50 minutos de ventaja procesando datos cada diez minutos. Sumado a un prototipo de ciencia ciudadana para el reporte de raudales, el equipo demuestra que la investigación generada en Paraguay es la mejor respuesta ante el cambio climático.
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