La producción de alimentos y la conservación de los bosques forman parte de las actividades que desarrollan las mujeres campesinas e indígenas en comunidades rurales del país. Mediante el proyecto Pobreza, Reforestación, Energía y Cambio Climático (Proeza), las familias incorporan prácticas agroforestales que permiten aprovechar la tierra, diversificar los cultivos y cuidar los recursos naturales.
El 80% de los participantes son mujeres, cuyo acceso a conocimientos y recursos productivos fortalece la economía familiar. Proeza promueve prácticas sostenibles que conservan los bosques, reducen emisiones de gases y mejoran la adaptación rural al cambio climático.
El proyecto cuenta con asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y registra 2.063 participantes capacitados en manejo de sistemas agroforestales, conservación de suelos, poda y acceso a mercados. Las actividades se extienden a 20 distritos de ocho departamentos de la región Oriental.
Cultivar y generar ingresos
Entre las participantes se encuentra Elva Rosa Gauto, de 24 años, de la comunidad Fortuna, en Canindeyú. La joven señaló que, mediante el proyecto, pudo volver a trabajar la tierra cultivando maíz, poroto y mandioca, productos que posteriormente comercializa en la ciudad para generar el sustento diario de su hogar.
Luis Barrios, especialista forestal de la FAO, explicó que, en la etapa inicial, el proyecto permite incorporar rubros destinados al autoconsumo. Luego, a medida que crecen los árboles y se desarrollan las especies nativas, “los modelos agroforestales pueden proporcionar leña y energía para las familias”. Esto genera la reducción de la presión sobre los bosques nativos.
Las capacitaciones también incluyen el manejo de malezas y plagas, la prevención de incendios forestales y la conservación del suelo. A estos contenidos se suman la seguridad alimentaria, el trabajo colaborativo y acceso a mercados.
Bosques que sostienen comunidades
Teodora Vera, lideresa de la comunidad indígena Y’aka Poty, en Canindeyú, destacó la importancia de conservar los bosques para mantener las condiciones que permitan desarrollar actividades productivas. Señaló que “la fertilidad de la tierra favorece el cultivo de alimentos y plantas medicinales, además de la crianza de animales”.
La conservación de los recursos naturales constituye así un componente de los medios de vida de las comunidades que buscan mantener sus actividades agrícolas sin depender exclusivamente de la explotación de los bosques nativos.


