En vísperas del Día Internacional de la Niña, conmemorado cada 11 de octubre, la organización Plan International Paraguay visibilizó el profundo impacto que genera la crisis climática sobre la educación, la salud y la seguridad de las niñas y adolescentes en departamentos como Guairá, Paraguarí, San Pedro y Caaguazú.
En contacto con La Tribu 650 AM, la representante país de la institución, Noelia Errecarte, explicó que el sondeo abarcó a 242 niños, niñas y jóvenes de zonas rurales para conocer cómo perciben este escenario de transformación ambiental.
Los resultados señalan que el 51% de las participantes faltó a clases durante el último año debido a temporales o caminos anegados, mientras que 8 de cada 10 sienten que el calor extremo afecta su salud y un 46% experimentó mayor inseguridad y ansiedad tras un desastre climático.

El impacto directo en las aulas y la economía familiar
Errecarte detalló que los temporales y la precariedad de los caminos rurales cortan de manera directa la continuidad escolar de las estudiantes.
“El 51% de quienes participaron declaró que tuvo que faltar a clases durante el último año por algún evento climático. Esto tiene un efecto directo sobre la educación de niños y niñas; las causas van desde lluvias intensas y caminos bloqueados por el barro hasta puentes anegados en comunidades rurales”, sostuvo Noelia Errecarte.
A las trabas educativas se suman los perjuicios económicos en los hogares campesinos, donde el 38% reportó la pérdida de cultivos o animales y el 26% sufrió caídas en los ingresos familiares.
“Cuando hay reducción de ingresos o falta de agua, las niñas y las mujeres sienten el doble del impacto. Si falta agua, son las niñas quienes deben recorrer largas distancias para buscarla; y ante crisis económicas, por lo general las familias tienden a recortar primero los gastos de educación y cuidado de las mujeres”, remarcó.
Urgen infraestructura resiliente y la escucha a las jóvenes
Asimismo, la vocera de Plan International hizo énfasis en la necesidad de que los municipios incorporen la gestión de riesgos y el urbanismo adaptado ante la llegada de fenómenos severos como el evento “El Niño”.
“Nuestras infraestructuras a menudo son precarias. Necesitamos un urbanismo diferente, adaptado a estos fenómenos atmosféricos, entendiendo que esto no es solo obras públicas, sino algo relacionado con los derechos de la niñez. Las niñas no solo viven los impactos de la crisis climática, también tienen propuestas que pueden enriquecer las respuestas institucionales”, concluyó Errecarte.

