Durante la mañana de este primero de octubre, las miradas y cámaras fotográficas se dirigieron al cielo tras la aparición de un llamativo aro de colores rodeando al sol. Aunque a simple vista guarda similitud con un arcoíris, se trata de un fenómeno óptico conocido como halo solar.
El director de Meteorología e Hidrología, Eduardo Mingo, detalló el origen del evento: “Es un fenómeno óptico debido a que hay una nube muy particular que se llama cirrostratus que está cubriendo nuestro territorio y tiene partículas de hielo. Esta nube está a entre 6 y 9 kilómetros sobre nuestras cabezas; a la nube llega la luz solar y, al cruzar por ellos, se da este fenómeno”.
Especialistas señalan que, si bien en la superficie predomina el calor, a más de 5.000 metros de altura la temperatura se mantiene extremadamente baja. En esa franja, las nubes están formadas por microcristales de hielo en lugar de gotas de agua, lo que permite que la luz solar las atraviese y genere un efecto prisma a través de sus estructuras hexagonales.
Refracción y la creencia popular
Esta desviación exacta de la luz en un ángulo de 22 grados da forma a un prisma gigante concéntrico, proyectando un borde circular de tono rojizo en el interior y matices azulados en la parte externa.
En el ámbito popular, la presencia de un halo solar se asocia habitualmente con la llegada de precipitaciones o modificaciones en el clima dentro de las siguientes 24 a 48 horas, dado que las nubes cirrostratus anteceden con frecuencia al paso de frentes fríos o tormentas.


