El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial plantea una cuestión que trasciende la innovación tecnológica. A medida que estas herramientas incorporan mayor capacidad para planificar y ejecutar acciones, crece la necesidad de establecer criterios que delimiten sus usos y eviten que las decisiones sobre su evolución queden exclusivamente en manos de quienes concentran su desarrollo.
Luis Benítez, secretario general de la Sociedad Paraguaya de Inteligencia Artificial, planteó esta preocupación durante una entrevista con el programa “Espresso Informativo”, de La Tribu 650 AM, donde sostuvo que el debate global sobre la regulación de la IA debe incorporar a los Estados, la academia y la sociedad civil y no solo a las empresas y desarrolladores tecnológicos. Dijo que “Paraguay debe participar según sus necesidades”.
El especialista señaló que no se trata únicamente de anticipar escenarios extremos relacionados con la tecnología, sino que existen riesgos concretos derivados de la evolución de los sistemas. “Es necesario plantear la difusión y que, como sociedad encaremos, ver qué hacer con esta tecnología en sí”, afirmó Benítez, al señalar la importancia de que la ciudadanía también participe en la definición del rumbo que debe tomar la inteligencia artificial.
Dignidad como principio
Para Benítez, la respuesta no consiste únicamente en establecer controles sobre la tecnología, sino en definir hacia dónde debe orientarse su desarrollo. Indicó que para Paraguay, la regulación de la IA resulta relevante ante un desarrollo tecnológico concentrado en pocas empresas y potencias. Se plantea orientar esta tecnología hacia la solución de problemas sociales concretos y “humanizar su desarrollo”, colocando la dignidad humana, la protección de las personas y las salvaguardas frente a posibles impactos perjudiciales como principios para definir sus límites y aplicaciones.
Riesgos emergentes
Benítez explicó que la relación con la inteligencia artificial cambió rápidamente, en 2022 inicialmente los sistemas respondían a consultas, pero desde 2024 algunos pueden recibir un objetivo, planificar y ejecutar acciones para alcanzarlo. Esto implica riesgos, porque el algoritmo puede elegir por sí mismo las acciones que considere más eficientes, incluso algunas perjudiciales, como saquear un sitio o modificar datos.
Aclaró que la IA no es consciente y que el riesgo depende de cómo se diseñan los algoritmos y de los límites establecidos para su funcionamiento. Destacó la importancia de la regulación y condiciones para su desarrollo y uso.


