Antes del coworking ya estaba la ronda de tereré

El tereré no nació como una pausa improductiva, sino que históricamente estuvo vinculado al trabajo, la supervivencia, la resistencia física y la adaptación al clima.

| Por La Tribuna
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El tereré está vinculado al trabajo, la supervivencia y la resistencia física.

Años atrás, el tereré era visto como un sinónimo de improductividad, de holgazanería, de distracción, especialmente en los ambientes laborales. El estar compartiéndolo en ronda, conversando, para el empleador significaba la ‘muerte de la productividad’ en la mañana.

Más aun teniendo en cuenta que este ritual conlleva la cuidadosa selección de un “tereré rupa” que sea capaz de ayudarnos a ‘aguantar’ hasta que llegue la hora del almuerzo; el elegido por excelencia es el famoso “sándwich de empanada de carne” con picante, para luego elegir los remedios yuyos refrescantes que acompañarán la bebida y que aseguren la buena digestión.

Sin embargo, este símbolo tan característico de nuestra cultura paraguaya está bastante lejos de esta idea, puesto que su historia está vinculada al trabajo, la resistencia física y la vida social.

El consumo de la yerba mate entre los pueblos nativos llamó la atención de los europeos que llegaron en tiempos de colonización. De hecho, en un principio, varias autoridades lo cuestionaron, siendo uno de los primeros el gobernador criollo del Río de la Plata y del Paraguay un personaje llamado Hernando Arias de Saavedra, alias “Hernandarias”, a finales del siglo XVI, quien llegó a afirmar que la yerba es un “vicio abominable y diabólico que fomenta la holgazanería”.

Lo irónico es que aquellos a quienes acusaba de vagos, eran personas que podían caminar 40 kilómetros en la selva subtropical, enfrentándose a alimañas y animales silvestres, ayudados por el efecto estimulante de la mateína en agua fría.

Afortunadamente, los propios colonizadores y religiosos reconocieron estas propiedades, adoptaron su consumo y se dedicaron a difundir sus propiedades estimulantes.

El tereré nunca fue “la pausa del holgazán”.
El tereré nunca fue “la pausa del holgazán”.

Una historia de supervivencia

En 1911, Rafael Barrett viajó a los yerbales y posteriormente publicó su ensayo “El dolor paraguayo”, donde describe perfectamente cómo los dueños del “oro verde” masacraban a los trabajadores. “Espanta pensar en los asesinatos que la selva oculta. Las picadas están sembradas de cruces (…) para el mensú, tomar rápido un trago de yerba fría de una guampa improvisada en el monte no era una pérdida de tiempo; era la anestesia necesaria para soportar el infierno y seguir produciendo”.

Luego, ya en la Guerra del Chaco, se dice que la yerba del tereré fue utilizada como filtro del agua sucia de los tajamares y junto con remedios yuyos, prepararon el ‘pohã ñaná’ que ayudó a salvar cientos de vidas de la deshidratación.

Toda esta historia demuestra que en realidad el tereré nunca fue “la pausa del holgazán”, sino que fue una herramienta de supervivencia ante diversas situaciones.

Más que una simple bebida, el tereré se convirtió en un espacio de intercambio, conversación y encuentro, ya que puede reunir a compañeros de trabajo, amigos o familiares y ayudar a transformar unos minutos de pausa en un momento de conexión.

Así, mientras algunos lo pueden ver como una interrupción de la jornada, para Paraguay la guampa representa también una tradición que perduró por siglos y que sigue formando parte de la identidad cotidiana.

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