Domingo Elías Duarte Escobar tiene 33 años y desde hace tres meses recorre Asunción y Luque con una conservadora cargada de frutillas frescas y helados a base de la fruta. Sale de lunes a lunes, pues el ingreso diario le permite sostenerse a sí mismo, ayudar a su mamá y a su pareja.
Comenzó en junio, en plena temporada alta de la frutilla. Al principio vendía unos 10 kilos por día. “Mi ganancia era de G. 200.000 por jornada y me pareció muy interesante, porque pasé de no tener trabajo ni dinero, de una etapa muy difícil de mi vida, y este negocio me ayudó a sentirme útil otra vez”, cuenta.
Consigue las frutillas en Kokue Guasu, Emboscada, y cada día reserva G. 200.000 para volver a comprar mercancías. Dependiendo del día, recorre puntos estratégicos de la ciudad de Luque, el parque Ñu Guasu y la Costanera de Asunción. Cuando la temporada de la fruta bajó, empezó a preparar helados “chupa chup” de frutilla.
Un pasado doloroso que quedó atrás
Detrás de esta rutina, que ahora ya camina por sí sola, hay una historia personal de superación. Domingo atravesó una etapa de alcoholismo y llegó a sentirse inútil, pero fue su pareja, Montserrat Fretes, quien lo impulsó a buscar una alternativa para progresar.
“Cuando conocí a mi pareja, ella me dijo que debíamos buscar una forma de ganarnos la vida para progresar. Dicen que una buena mujer levanta a un hombre, y es cierto. Ahora estoy ganando dinero y dejé los vicios”, relata.
La calle le permitió vencer muchas inseguridades. Nos cuenta que estudió periodismo, y aprovechó su facilidad de hablar para concretar muchas ventas. “Saliendo a recorrer a ofrecer mis productos perdí mucho más la vergüenza de hablar, no me supera nada. Muchos no quieren hacer este trabajo, piensan que es denigrante, pero la verdad es que te dignifica como persona”, sostiene.
Para Domingo, un buen día de ventas es una sensación de realización y bienestar. “Siento paz, porque me alcanza para proveer a mi familia”, dice.
Nunca es tarde para seguir soñando
Cuando termine la temporada de las frutillas, tiene proyectado seguir haciendo helados a base de mburucuyá. Entre los sueños pendientes que desea cumplir si la vida le da la oportunidad, figuran ejercer como periodista deportivo y escribir un libro sobre su vida. “Quiero enriquecer mi vocabulario, volverme una persona culta, intelectual y diplomática”, expresa.
Para Domingo, la venta ambulante no es solo una forma de ganarse la vida. Es el trabajo con el que volvió a sentirse digno. Caminando por las calles, mejoró su economía, pero por sobre todo, encontró un nuevo motivo para seguir adelante.


