Frente al aumento de las temperaturas y los efectos extremos del cambio climático, el desafío es que las ciudades miren a la naturaleza como parte de su infraestructura. Árboles, suelos permeables, jardines de lluvia y corredores verdes pueden cumplir funciones concretas para reducir el calor, gestionar el agua y proteger la biodiversidad.
El urbanista Fernando Maidana explicó que la vegetación no es un simple elemento decorativo. La sombra bloquea la radiación solar directa y la evapotranspiración enfría el aire, mientras que los suelos permeables y la vegetación absorben agua de lluvia, reducen la velocidad de los raudales y alivian la carga sobre los sistemas de desagüe.
En tanto, los corredores verdes potencian esos beneficios al conectar espacios naturales. “No es lo mismo tener algunos árboles plantados que toda una red de espacios verdes”, señaló el urbanista. Según explicó, una plaza aislada puede convertirse en una “burbuja fresca” rodeada de superficies que continúan irradiando calor, mientras una red conectada permite extender sus efectos hacia otras zonas.
Se necesita una red ecológica integrada
La planificación, por tanto, no debería limitarse a contabilizar cuántos metros cuadrados de áreas verdes existen por habitante. El desafío está en que estos espacios estén conectados dentro del Plan de Ordenamiento Territorial y funcionen como una verdadera red ecológica.
El especialista también plantea que las ciudades densamente construidas pueden sumar naturaleza mediante intervenciones relativamente sencillas, como por ejemplo aumentar el arbolado de las veredas, incorporar superficies permeables, instalar jardines de lluvia, promover techos y muros verdes y recuperar terrenos baldíos o fiscales para transformarlos en micro parques. Sin embargo, advierte que estas acciones aisladas tienen beneficios limitados y que los resultados extensivos requieren transformaciones mayores.
En el caso de Asunción, el profesional considera que es fundamental un cambio normativo. “Hay que tratar este tema como se trata el desagüe pluvial o la red vial. Como un requisito técnico con estándares medibles y con costo por incumplimiento”, sostiene.
Establecer estándares mínimos de naturaleza
Entre las propuestas más útiles para nuestro país, el experto considera que es prioritario “medir las emisiones de gases de efecto invernadero de los municipios, reforzar la protección de espacios naturales, generar instrumentos de financiamiento para proyectos con beneficios ambientales y establecer estándares mínimos de superficies naturales en inmuebles y construcciones”.
La apuesta, en definitiva, es dejar de pensar en los árboles y espacios verdes como un simple complemento urbano y empezar a incorporarlos como una infraestructura necesaria para ciudades más frescas, resilientes y habitables.

