Desde lo alto del cerro Ñemby, la ciudad se extiende alrededor mientras el paisaje conserva las marcas de una historia que durante cinco décadas estuvo atravesada por la explotación, pero luego vino la resistencia. Entre senderos, espacios recreativos y sectores de vegetación, el lugar que alguna vez fue escenario de explosiones de la cantera, para extraer piedras, hoy recibe a vecinos y visitantes que recorren un espacio recuperado para la comunidad.
El cerro está ligado al pasado ancestral de Ñemby. Allí estuvieron instalados los carios, antiguos pobladores de estas tierras, dejando una huella que forma parte de la identidad local. Pero ese vínculo con la historia convivió durante décadas con la actividad de la cantera.
Desde 1963, el cerro fue utilizado para la extracción de piedras de basalto, destinadas a la construcción de pavimento. La explotación se extendió hasta 2016 y dejó consecuencias para los habitantes de la zona. Las explosiones provocaron grietas en techos y paredes de viviendas y escuelas, mientras el crecimiento urbano acercaba cada vez más las casas al área de extracción.
Una de las pocas luchas ciudadanas con final feliz
Pero los vecinos comenzaron a resistir hasta lograr una movilización que terminó recuperando el sitio, en una de las pocas victorias ciudadanas que ocurrieron en nuestro país. Tras el vencimiento del contrato, el 28 de mayo de 2016, pobladores tomaron el predio.
Finalmente, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) canceló el permiso de Concret Mix por perjuicio ambiental y por el riesgo que representaba el uso de explosivos en una zona urbanizada.
Samuel Cohener, actual director de Cultura de la Municipalidad de Ñemby, considera que aquel proceso dejó una enseñanza que trasciende la recuperación del espacio. “Fue una reconciliación del pueblo más allá de los partidos políticos, para lograr ese objetivo”, recuerda, al referirse a la unión de los vecinos.
Hoy por hoy, una realidad diferente se vive en el cerro Ñemby. Desde las 7:00 a 20:00, las personas ingresan gratuitamente y recrean tanto el cuerpo como la mente recorriendo su vegetación. El cerro cuenta con caminero, canchas, juegos, sanitarios, agua potable e iluminación. También se realizan visitas guiadas y actividades culturales que buscan acercar a la ciudadanía a la historia del lugar.
Para Cohener, el valor del lugar pretende que la gente vea el cerro como algo más que un simple parque. “Este es nuestro lugar emblema, donde está nuestra historia de resistencia y ancestral”, sostiene. Remarcó que sea cual sea la actividad que realice el visitante, siempre está obligado a respetar el medioambiente, así como también la solemnidad del sitio.
Símbolo de las segundas oportunidades
Si bien la empresa Concret Mix continúa funcionando atrás del cerro, hoy día ya trabaja con otro tipo de material y tiene prohibido extraer piedra de la cantera. Así también, hay una base del grupo Lince en el predio, por lo que el patrullaje policial es permanente. También se cuenta con guardia privada las 24 horas y se registra en una planilla el nombre de cada visitante, para prevenir que nadie ingrese a realizar explotación clandestina o cualquier otra actividad ilegal.
“Nuestro cerro es un reflejo de las segundas oportunidades”, nos dijo el director de Cultura, en referencia a la transformación de un territorio explotado en un espacio turístico. La apuesta ahora es que las nuevas generaciones conozcan esa historia y comprendan que, en este mítico rincón de Ñemby, detrás de cada sendero, permanece la memoria de una comunidad que no se rindió hasta recuperarlo.


