Saberes ancestrales se reinventan con diseño contemporáneo en nuevas piezas

El programa Artesanía + Diseño 2026 unió durante tres meses a artesanos y diseñadores para desarrollar objetos de uso cotidiano mediante técnicas y materiales tradicionales, incorporando nuevas formas, funciones y posibilidades sin perder su identidad cultural.

| Por La Tribuna
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OBRA DE SANDRA ORTEGA.Doce experiencias reúnen técnicas tradicionales y nuevas miradas para crear piezas vinculadas con la cultura y los territorios paraguayos.

El Programa Artesanía + Diseño (A+D) 2026 culminó con la presentación de productos terminados y nuevas propuestas elaboradas mediante 12 procesos de colaboración entre artesanas, artesanos y profesionales del diseño. La iniciativa fue impulsada por el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), con apoyo de ueno bank.

Las piezas fueron desarrolladas a partir de materiales y técnicas tradicionales, como el cuero, madera, cerámica, metales, totora, karanday, ao po’i, ñandutí, tejidos de cuatro lisos y tejidos tradicionales de Carapeguá.

Obra de Alicia Páez.
Obra de Alicia Páez.

El proceso contempló conversaciones, experimentación, pruebas, ajustes y decisiones compartidas. “Descubrí que la artesanía textil siempre me brinda la posibilidad de innovar y crear nuevas propuestas sin perder la esencia de mi trabajo. El mayor desafío fue animarme a salir de lo conocido, experimentar con nuevas ideas y confiar en que podía llevar mi oficio a otro nivel. Esta experiencia me impulsa a seguir produciendo con una mirada más innovadora, explorando nuevas posibilidades para mis piezas y llegando a más personas. Me motiva a seguir creciendo, demostrando que la artesanía puede evolucionar sin perder su identidad y su valor cultural”, señaló Alicia Páez, artesana de 56 años.

Obra de Vanina Frutos.
Obra de Vanina Frutos.

La propuesta buscó que los conocimientos de quienes dominan los oficios artesanales dialoguen con herramientas propias del diseño contemporáneo.

“El mayor desafío fue transformar una idea en una colección con identidad, donde cada pieza estuviera conectada por un concepto y una narrativa común, aportando mayor valor a la artesanía. Esta experiencia me impulsó a desarrollar mi primera colección y confirmó que el diseño puede abrir nuevas oportunidades para diferenciar el trabajo artesanal. Además, el proceso colaborativo enriqueció mi aprendizaje, fortaleció los vínculos con otros artesanos y demostró que trabajar en conjunto permite crear, innovar y abrir nuevos caminos para la artesanía paraguaya”, dijo Vanina Frutos, artesana de 27 años.

Obra de Leticia Gómez.
Obra de Leticia Gómez.

En ese intercambio, las técnicas no fueron modificadas ni sustituidas, sino tomadas como punto de partida para explorar nuevos usos y formas.

“En este proceso descubrí cómo utilizar los recursos existentes para realizar una colección. El mayor desafío para nosotros fue ver otras técnicas de terminación de producto sobre el cuero y la combinación de varios tonos en un mismo producto. A partir de esta experiencia A+D y la colección realizada se podrían abrir más puertas en tiendas del mercado nacional, por todo lo que el producto representa; nuestra identidad paraguaya, además del aprendizaje sobre diseño y análisis previo del artículo”, refirió Leticia Gómez, artesana de 29 años.

Obra de César Mendoza.
Obra de César Mendoza.

La diversidad territorial ocupa un lugar central en esta mirada. Itauguá se caracteriza por sus tejidos, Yataity por el bordado, Carapeguá por sus tejidos, Tobatí por el trabajo de la arcilla y la madera, y Luque por la elaboración de piezas de plata como la delicada filigrana. Cada localidad mantiene conocimientos, materiales y procedimientos transmitidos entre generaciones.

“Descubrí que con la motivación correcta, la creatividad vuela. El mayor desafío fue salir de la rutina de trabajo, pero el desafío fue tener una nueva mirada, una nueva proyección de trabajo, pulir más las técnicas. Considero que a partir de A+D las oportunidades y los caminos que se abren para mi oficio, al ofrecer un producto de calidad, con esencia auténtica, conservando la misma materia prima y 100% producción propia y elaboración con técnicas tradicionales y pocas herramientas. Eso demuestra que con poco se puede también crear cosas buenas”, señaló César Mendoza de 36 años.

A partir de ese patrimonio vivo, A+D plantea cómo las técnicas tradicionales pueden responder a necesidades actuales y cómo los objetos artesanales pueden integrarse a espacios y usos contemporáneos.

“Participar en este proyecto fue una experiencia transformadora. Me permitió salir de mi rutina, aprender nuevas formas de crear y descubrir que siempre es posible innovar sin perder la esencia de mi trabajo artesanal. Compartir el proceso con otros profesionales enriqueció mi mirada y me dio la confianza para seguir explorando nuevas ideas y posibilidades. Hoy siento que esta experiencia abre nuevas oportunidades para dar a conocer mi trabajo y llegar a nuevos mercados. Estoy profundamente agradecida por haber sido parte de esta iniciativa y deseo que más artesanas y artesanos puedan vivir este proceso, porque fortalece nuestro oficio, pone en valor nuestro talento y demuestra todo lo que la artesanía paraguaya puede ofrecer al mundo”, señaló Carlos Fernández, artesano de 43 años.

Obra de Ana Amarilla.
Obra de Ana Amarilla.

Las colecciones desarrolladas durante esta edición constituyen respuestas concretas surgidas de la práctica y del trabajo conjunto.

“Descubrí que con las fibras vegetales se pueden hacer mucho más que sombreros y canastos, que con un poco de imaginación y creatividad también se pueden hacer muebles o decoración para el hogar, oficinas, y otros espacios. Mi mayor desafío fue descubrir que soy capaz de crear piezas únicas con mis manos. Muchas oportunidades de conocer gente nueva y hacer conocer mis productos, lo que también se convertirá en más ventas”, expresó Ana Amarilla, artesana de 47 años.

La edición no plantea una colección cerrada, sino momentos de un proceso que continúa. Las piezas permiten observar cómo los saberes heredados pueden incorporarse a nuevas propuestas sin desvincularse de las historias, materiales y territorios que les dieron origen.

“Durante muchos años trabajé de manera independiente, desarrollando mis propios tejidos y diseños. Este proceso me desafió a abrirme a nuevas ideas, experimentar y descubrir que innovar también es una forma de fortalecer la tradición y responder a las nuevas necesidades del mercado. Gracias a esta experiencia hoy me siento más preparada para crear propuestas con mayor valor agregado y proyectar mi trabajo hacia nuevos espacios. Estoy profundamente agradecida con el programa Artesanía + Diseño (A+D) y con el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) por brindarme esta oportunidad de aprendizaje, crecimiento e inspiración que marcará un nuevo camino en mi oficio”, refirió Águeda Brítez, artesana de 51 años.

Obra de Raquel Meaurio.
Obra de Raquel Meaurio.

“Esta experiencia reafirmó mi convicción de que la artesanía es un camino de aprendizaje constante. Cada desafío me impulsó a innovar, combinar la tradición con el diseño y descubrir nuevas formas de crear, siempre respetando la esencia de mi oficio. Hoy siento que se abren nuevas oportunidades para dar a conocer mi trabajo y seguir creando piezas únicas. Estoy convencida de que siempre hay algo nuevo por aprender, y esa búsqueda permanente es la que me motiva a crecer como artesana y a seguir innovando con cada creación”, indicó la artesana Raquel Meaurio de 55 años.

Obra de Sebas Fernández y Mayra Insfrán.
Obra de Sebas Fernández y Mayra Insfrán.

“Descubrimos que trabajar en comunidad con otras personas y con la fusión de materiales nos da la oportunidad de explorar y encontrar soluciones innovadoras, aportando muchísimo a nuestro propio proceso creativo. El mayor desafío fue justamente encontrar el equilibrio técnico y estético entre las diferentes visiones y lograr un objeto que integre todo eso en una unidad coherente. Creemos que se nos abre una oportunidad para llegar a un público internacional y un posible camino a la exportación”, dijeron Sebas Fernández (30 años) y Mayra Insfrán (33 años).

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