
El obispo de la Diócesis de Carapeguá, monseñor Celestino Ocampos, señaló en la misa de Caacupé que la misión profética recibida con el bautismo no corresponde solamente a quienes ejercen una función religiosa, sino a todos. Explicó que esta responsabilidad implica anunciar el Evangelio con las palabras y con la propia vida, pero también señalar los males, vicios e injusticias que afectan a la sociedad.
“Tenemos la obligación de anunciar y denunciar al mismo tiempo”, afirmó. Ocampos sostuvo que esta tarea debe cumplirse aun cuando resulte difícil o genere rechazo y remarcó que no se debe permanecer callado ni indiferente ante las situaciones que requieren una respuesta.
También se refirió a la corrección fraterna como una práctica necesaria dentro de cualquier grupo humano. Explicó que se debe ayudar a quien cometió una falta grave a reconocer su error, tomar conciencia y retomar el camino correspondiente. Indicó que debe realizarse inicialmente a solas, con respeto y amor, y que posteriormente puede involucrar a testigos y a la comunidad.
En otro momento, mencionó situaciones de pobreza, violencia familiar y falta de medicamentos. Señaló que mientras muchas personas sufren y mueren por carencias de recursos, otras viven en condiciones de opulencia y ostentación.
Sobre la salud, señaló que la voz de los pobres, los enfermos y el personal sanitario forma parte del clamor que la Iglesia debe escuchar. Finalmente, apeló a quienes administran la función pública a velar por un acceso equitativo a la salud para los paraguayos y cuestionó que este derecho pueda depender de la “solidaridad ocasional” mediante favores que solo beneficie a unos pocos.


