Periodistas de los diarios La Tribuna y Crónica participaron de un taller de periodismo con enfoque en derechos de la niñez y la adolescencia, facilitado por Lupe Galiano, Leticia González y Any González, en representación del Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (Minna).
La capacitación planteó una pregunta que debería acompañar cada cobertura periodística: ¿la forma en que contamos una historia protege al niño o le causa un daño mayor? Desde esa mirada, una de las primeras prácticas que enseñaron las capacitadoras es revisar el lenguaje que utilizamos. Una de las reglas básicas es dejar de lado el término “menor” y decir simplemente niño, niña o adolescente. Esto debido a que menor es un adjetivo que atribuye una categoría menor a la persona, y los niños son sujetos de derechos y de especial protección.
Por otra parte, en la capacitación se reforzó la indicación de no difundir nombre, fotografía, escuela, barrio, ciudad, nombres de los padres ni ningún otro dato que permita identificar a un niño que es víctima de algún hecho. La protección alcanza además a los pequeños que hayan presenciado situaciones traumáticas o eventos catastróficos.
Noticias positivas también exigen buenas prácticas
La misma precaución rige para las historias positivas. Que un niño aparezca en una actividad escolar, un concurso o una competencia no elimina la necesidad de contar con el consentimiento correspondiente de los padres para publicar su imagen o entrevistarlo. Si no existe autorización, una alternativa es evitar su identificación mediante fotografías de espaldas, planos amplios o recursos como el pixelado, que no permitan reconocerlo.
Desapariciones deben tratarse con delicadeza
Los casos de desaparición requieren un tratamiento particular. Si bien es verdad que la alerta MAFE permite difundir la fotografía para contribuir a la localización de un niño o adolescente, es la Policía Nacional la que activa y desactiva este mecanismo. Una vez encontrado el chico, deben bajarse las publicaciones digitales que contengan estas fotos.
El taller también instó a los comunicadores a revisar expresiones como “prostitución infantil”, que debe ser sustituida por explotación sexual de niños o adolescentes, y a evitar presentar como “pareja” a un adulto que mantiene una relación de seducción o engaño con una adolescente. El desafío, en definitiva, es informar sin convertir la vulnerabilidad en espectáculo y recordar que una publicación puede permanecer como la “huella digital” de los más pequeños mucho después de que la noticia haya desaparecido.


