La presencia de una creación originaria del pueblo Aché en un escenario europeo de la artesanía contemporánea permitió mostrar que los conocimientos de las comunidades indígenas podían ocupar espacios de reconocimiento. Santiago Urugi regresó al Paraguay después de vivir en Venecia una experiencia que, según relató a La Tribuna, le permitió comprobar la atención que generó la obra paraguaya entre personas de varios países.
Su participación se produjo en Homo Faber 2026, que comenzó el 31 de agosto y se extendería hasta el 30 de septiembre en Venecia, Italia. Reunió trabajos seleccionados por su dominio técnico, innovación y valor cultural. La propuesta vinculó la luz, los materiales y el trabajo manual como expresión del patrimonio cultural.
“Para mí no significa solamente mostrar una obra. Significa llevar conmigo una parte del pueblo Aché, de nuestra cultura y de nuestros conocimientos. Nunca imaginé que algo que aprendí en mi comunidad pudiera llevarme tan lejos”, expresó.
Urugi fue elegido para representar al Paraguay con una obra basada en el apyka (banco), el asiento tradicional Aché. Contó que “la pieza fue realizada en una sola madera de cedro, tallada a mano y terminada mediante pirograbado”. Sobre la superficie, incorporó animales y plantas vinculados con el entorno de su comunidad y con una memoria transmitida entre generaciones.
El artesano explicó que recibió la noticia de la selección “con alegría y emoción”. Para él, el viaje superó la sola presentación del artículo que sigue en vidriera. “El apyka es una pieza que aprendí a hacer desde joven y tiene una relación muy cercana con nuestra vida y nuestra cultura”, dijo.
Saber ancestral
El vínculo de Urugi con la madera comenzó cuando tenía 11 años. En esa etapa compartió el aprendizaje con su maestro, Vicente Piragi, a quien observaba mientras trabajaba y de quien recibió conocimientos. Su primera creación fue una tortuga tallada en madera. Después perfeccionó el tallado e incorporó el pirograbado.
El oficio constituye su fuente de trabajo y también le permite mantener visibles conocimientos recibidos de los mayores. “También dibujo animales que hoy en día ya casi no se ven y que antes eran más comunes en nuestro territorio. A través de mis dibujos quiero que los niños y los jóvenes puedan conocerlos y ver cómo eran, para que no se pierdan de nuestra memoria. Para mí es importante que ellos sepan que esos animales formaron parte de nuestra vida y de nuestro entorno”, afirmó.
La participación fue posible mediante un trabajo articulado entre POpore, un almacén de artes que acompaña y representa la labor de Urugi a través de Gustavo Gauto, el Instituto Paraguayo de Artesanía y el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes.


